miércoles 23 de septiembre de 2009
CIERRE DEL PRIMER CUADERNO
Damos por cerrado el PRIMER CUADERNO DE LEGADOS.
A partir de este momento, toda colaboración que nos llegue será publicada en la próxima convocatoria, que se abre desde hoy mismo hasta septiembre de 2010.
En breve me pondré en contacto con los autores para ultimar los detalles de la publicación en papel.
Agradeceros a todos la buena acogida que ha tenido este proyecto entre autores y lectores. Gracias por vuestros textos y por vuestros comentarios.
En breve, os anunciaremos la publicación del Primer Cuaderno de Legados en papel.
Abrazos.
HAZ DE LUZ en Barcelona
Queridos amigos:
Os invitamos a la presentación del libro HAZ DE LUZ de nuestra querida Adriana Serlik en Barcelona.
Será el próximo martes, 29 de septiembre de 2009 a las 19,30 horas en la LIBRERÍA ICARIA, en Arc de Sant Crisòfol, 11-23, BARCELONA. Tfno: 93 295 49 16. La entrada es gratuita.
Presentará a nuestra autora el escritor JORDI BUCH OLIVER.
Podréis conocer que persona a Adriana, que firmará ejemplares de su obra.
Agradeceremos cualquier tipo de difusión que podaís dar a este evento.
Abrazos.
ELOY BOHAN
Esta ciudad
llena de paz en la sombra,
llena de luz porteña,
de gente relajada y... ¿feliz?
Sea bendita su urbana misericordia.
Esta ciudad
donde es arte el silencio de la primera mañana,
donde la magia se venera
y nos delatan las lágrimas.
Escribo
cobijado en sus puentes y en su río,
en el ritmo lento de las bicicletas,
en los sonidos que me dejaron compartir y que hoy duermen en mi guitarra,
en la luna que no vi...
He descubierto
lo que voy a hacer
mientras espero la llegada
del avión que me trae tus besos.
VALERIANO. Versus fauve.
el viento electrifica mi cabello.
pensamiento libre de un momento.
vuela la imaginación... hasta lugares insospechados.
busco y busco...
tan sólo encuentro vacios eternos.
***
plazas al sol.
patinadores imaginativos.
realizando acrobacias de circo.
plazas llenas de gente libre de paso.
los que están allí en el suelo tirado.
absorbiendo energía del dios RA.
tatuajes grafiteados, con cantidades de perforaciones en su piel.
en las esquinas fundas de ébano.
gaviotas sobrevolando cabezas humanas.
busca vidas observando.
meones de esquina con una birra en sus manos.
entre medio viajeros de paso a su suerte.
***
me pongo el mundo por montera.
y los toros pa el picaó.
rompo con todo aquello que...
me ancla.
***
ahora que nos ve nadie.
te diré: que las largas noches de cielos estrellados.
las paso junto a mi soledad.
ahora te digo que se lo que es el amor del frío.
el amor del hambre amigo mío.
ahora que nadie nos ve.
te diré: que la compañía del gato que me ronronea a mis pies.
es una fantasía.
son mis tripas que hace días que no se llevan nada a la boca.
ahora que todos pasan a mi lado y no me hacen caso.
me doy cuenta que no somos nadie.
que necesitamos del amor del hombre.
que tenemos que claudicar con lo que no nos gusta.
para poder ser alguien.
cochina mentira es la vida!!
tanto tienes tanto vales.
pero elegí esta vida para sentir lo que se desea.
pues deseo continuar.
no es tan austera como yo creía.
todo lo contrario.
estás más acompañado que nunca.
te hablan más que nunca.
te sientes un ser humano.
domingo 23 de agosto de 2009
Chicas con decoro

Me hizo aquella confesión una noche en el Korova, cuando lo único que flotaba en su vodka era el desaliento por la enésima desaparición de su marido. Con treinta años Thelma había cometido ya dos matrimonios. Del primero conservaba un collar de recuerdos y del segundo tan solo quedaban las brasas con las que poder encender el tercero. Pero una mujer como ella lo encajaba con naturalidad: “cariño, yo siempre me enamoré de oído”.
Thelma no era una chica normal: aspecto provocador, gustos caros y lenguaje desatado, hacían que fuera el tipo de mujer detestable para esposas, suegras y contables. Se podía permitir casi lo que quisiera, excepto no tener caprichos. Su carrera en el mundo del cine había sido rápida, pero había ganado el dinero suficiente con el que contratar a cualquier tipo para que llevara la cuenta de sus desengaños.
Pero no era feliz. No podía comprender que el único hombre que no le prestaba atención fuese su propio marido. Pat DiCicco, un buscavidas a sueldo de Lucky Luciano, el mayor capo mafioso de Nueva York, se encargaba de los contactos de éste con el mundo del cine. Y, aunque ahora Thelma lo olvidaba, no mucho tiempo antes había sido el encargado de conseguirle el papel protagonista en películas y en las noches de gran presupuesto. Había quien incluso rumoreaba que fue Luciano quien la emparejó con Pat para poder estar más cerca de ella. Thelma nunca negó quien había promocionado su carrera. La noche que le pregunté al respecto me esquivó dos o tres verdades y finalmente, tras insistir, me dijo: “durante mucho tiempo mi única preocupación fue ganar el suficiente dinero que me permitiera arruinarme. No me preocuparé ahora por no haberlo sabido perder”.
Harta de los desplantes de su marido decidió alejarse de aquel ambiente. Montó una cafetería asociada con uno de esos tipos de sórdida reputación que a ella tanto le gustaban. Me contaron que se negó a seguir los consejos de Luciano para que convirtiera el local en un casino clandestino. Craso error con un tipo acostumbrado a cobrar dividendos de sus sugerencias. Thelma se distanció de la que había sido su gente y no era difícil encontrarla allí, resbalándole el vodka y hablando más de la cuenta de su próximo ex marido o chismorreos sobre Lucky Luciano. Hubo quien le advirtió que llevara cuidado con esos comentarios. Que no olvidara quien la había ayudado.
Pero hay mujeres que nunca llegan a conocer a ciertos tipos. Maldita sea. Hay mujeres, como Thelma, que ni siquiera cuando se le están llenando los pulmones de monóxido de carbono en un garaje cerrado, son conscientes de que algunos tipos siempre cobran los favores al contado. Aunque sean chicas con decoro.
viernes 21 de agosto de 2009
Poemas de Mariela Cordero
A la deriva
del rasgo
presentido
la memoria
florece.
Intuye al ardor
se aclimata
al dócil
incendio.
Insomne,
cruzando el latido
por azar
musita
desde la entraña
el abalorio
viste de revés
el cuerpo.
Ajeno
al
temblor
se
adormece
en llamas.
Del libro inédito titulado El cuerpo de la duda
Mis yoes
-¡Papi… papi, volviste!
Si yo no hablé, ¿Cómo supo que era yo?, habrá sido por mi olor… el sonido de mis pasos… ¿tanto así me conoce?, Y corrió a abrazarme:
-¿Me trajiste los dulces que me prometiste?
-No, disculpame, en el apuro se me olvidó –Le dije mientras pensaba, (ese desgraciado le prometió dulces, ¿qué más le habrá prometido?), espero no halla sido como el otro, aquel otro, el primero que he matado de una larga lista; aquel la lastimaba, era el peor de todos, por eso, lo arrastré con rabia hasta el bote y lo arrojé allá, en medio de aquel lago profundo, con mucho peso y aún vivo, para que sufra; sí; el primero fue por venganza y el resto, solo por perfeccionamiento; recuerdo el sabor del agua salada entrando por mis narices, recuerdo la desesperación y todo a mi alrededor, se puso negro; casi muero en el bote aquel día, pero yo sobreviví, y el no. Al llegar a casa, mojado aún, la encontré como era habitual, con el televisor apagado, escuchando el informativo por la radio y al correr hacia mí, pobrecita, pechó un mueble, que aquel mal hombre había dejado en el camino, yo corrí hacia ella y la tomé en brazos, la alcé, la puse contra mi pecho y viendo lo blanco de sus ojos, le dije:
-Otra vez olvidé traer los dulces; pero ya voy a buscarlos; vuelvo en seguida –Y salgo tan rápido de casa, tan apurado voy que no me doy cuenta de que alguien me está siguiendo, pero si noto el plomo, entrando por mi espalda; al escuchar el segundo disparo caí de rodillas, logré girar para ver a mi asesino, corriendo, dando grandes ancadas casi sin mover los brazos, tal y como lo hago yo, (tal vez sea mejor así), pensé, (tal vez el recuerde llevarle dulces, a mí pobre niña ciega)
Conflicto
Fue la primer palabra.
En su mirada, lo ingenuo y el verde de la infancia, apreciaban atónitos el comienzo del Apocalipsis:
-¡Dosto… Dosto, corre corre ven!
Gritó su madre, desesperada, desde la ventana de su casa y de pronto, es fuego todo, y el rojo entero se reflejó en sus ojos, ya no verdes, ya no infantes:
-¡Mamá…!
Entonces lo tomé por la cintura, lo cargué en mi hombro y comencé a andar; siento su corazón latir y siento el mío, porque ambos tienen miedo y corro, corro corro corro no sé adónde corro cargando a un niño que llora en medio de explosiones, humo, gritos, y aviones.
Por fin el hospital.
-¡Maldición!, son más poderosos que nosotros, no podemos enfrentarlos directamente, nos aplastarían.
-¿Y qué pretendes?, ¿no hacer nada y dejarlos que se salgan con la suya?; si no los detenemos ahora, continuaran, más y más; debemos hacer algo.
–Muchos morirán.
–Ya estamos muriendo.
En el hospital, colapsado, apenas diez camas para cientos de heridos cuando una enfermera se acerca y, derrama su amplia sonrisa sobre el niño que ahora llora sin sonidos, y sin lágrimas:
-¿Cómo te llamas?
–(…)
–Creo que su nombre es Dosto, así lo llamó su madre.
-¿Y ella, donde está?
Apreté los labios, moví la cabeza hacia los lados.
–Entiendo. Ven.
El niño miró aturdido a su alrededor, luego a mí.
–¡Sí Dosto!, ve
La enfermera lo tomó de la mano y desaparecieron entre cuerpos mutilados, túnicas blancas rojas y el pestilente olor a sangre, que me obligó a salir del lugar, para vomitar.
–Estos desgraciados no pelean como soldados, golpean, y luego se esconden tras los niños y las mujeres, las escuelas y los hospitales, ¡cobardes!, pero esta vez, no les va a funcionar.
–¿Acaso piensas arrasar con toda la población?
–No, con toda no; sólo con los lugares donde sabemos se esconden.
–Aún así, muchos inocentes van a morir.
–Mejor sus inocentes que los nuestros.
Cuando logré recomponer mi estómago, observé la destrucción a mi alrededor, y deseé escuchar ese canto de gallo, que llega tras la noche eterna, mientras avanzaba arrastrando los pies, pero todo lo que oí, fue el silbido de un misil, que entro por la ventana del hospital. Explotó a mis espaldas. La ira me envuelve y no cede. Intenté calmarme, respirar, y caminar con la frente alta, despejada de toda malicie; aunque allí la cordura, fue extirpada hace ya tiempo.
Todos los amaneceres del mundo

Un rio de estrellas cubría el cielo cuando el hombre inició el ascenso a la gran colina. Se detuvo unos momentos y cogió aire. No quiso mirar hacia atrás, no quiso llorar aunque sabía que nunca más volvería a recorrer el camino que ahora andaba, nunca más danzaría al sol, ni podría cruzar las praderas a lomo de su caballo.
La luna ,como el gran espíritu, alumbraba su camino, sus pasos cansados y su mirada ausente. Otros antes que él también lo recorrieron, hubo otras noches, otros pensamientos y otras miradas que buscaban la soledad de aquel que quiere fundirse con la eternidad.
Su viaje se había acabado, pero no había tristeza en su alma, ni angustia en su piel roja cubierta de arrugas, en él solo había esperanza y deseo de ser otra vez parte de la madre tierra, corazón libre que volvería a surcar como el viento las praderas sagradas del Gran Espíritu.
El viejo guerrero Lakota llegó por fin a la cima sagrada de las colinas negras, ante él se extendía el horizonte, aquel lugar donde se unía la tierra y el cielo para fecundar la vida que alimentaba cada dia a su pueblo. Extendió la manta como antes lo hiciera su padre y como antes lo hiciera su abuelo y se sentó como siempre lo habían hecho los hombres de la pradera. Puso el arco delante de él y esperó que Wanka Tanka el Gran Espíritu le permitiese entrar en las llanuras donde habita el gran búfalo blanco.
Con la mirada cansada solo pidió al universo poder ver amanecer una sola vez más, quería ver como la tierra que él había pisado y amado despertaba ante sus ojos llevando el milagro de la vida a cada rincón del mundo del hombre de piel roja. El lobo aulló en la noche quebrando con su lamento el silencio estrellado.
El guerrero entonó una canción, canción de vida y de muerte.
“Oh Gran Espíritu, cuya voz oigo en el viento y cuyo respirar da vida a todo el universo. Óyeme soy pequeño y débil, uno de tus muchos hijos. Déjame pasear en la belleza y permíteme que mis ojos siempre puedan contemplar el rojo y el púrpura de la puesta de sol. Haz que mis manos respeten las muchas cosas que tú has creado y agudiza mis oídos para oír tu voz.
Hazme sabio para comprender todas las lecciones que tú has escondido detrás de cada hoja, de cada roca. Dame fuerza, no para ser más fuerte que mí hermano sino para luchar contra mi peor enemigo: yo mismo. Y hazme siempre listo para ir ante ti con las manos limpias y la mirada recta, para que cuando la luz se deasvanezca, como se desvanece la puesta de sol, mi espíritu pueda llegar ante ti sin ninguna vergüenza..”
Su voz rota se fue elevando desde la cima de la colina como un canto de esperanza, como un susurro más de la naturaleza, hasta que se perdió con los primeros rayos del sol.
Al amanecer, cuando fueron a buscarle, ya no estaba allí. En su lugar encontraron su cuerpo sentado en su manta, como se sientan los hombres de las praderas, como se sentarán siempre, con orgullo, con respeto, mirando siempre hacia el horizonte, allí donde la tierra y el cielo se unen para crear la vida.
lunes 15 de junio de 2009
Presentación de LA REPÚBLICA en Madrid
lunes 8 de junio de 2009
Laura en DONOSTI
Concierto de IGOR PASKUAL y presentación del libro de poemas DESDE EL AGUA de LAURA GÓMEZ PALMA publicado por Legados Ediciones. IGOR PASKUAL (guitarra) y LAURA GÓMEZ PALMA (bajo) forman parte del actual grupo de músicos de LOQUILLO. Será el jueves 11 de junio de 2009 a las 22,30 en el BAR BUKOWSKI, c/ Eguia, 18, DONOSTI-SAN SEBASTIÁN. Entrada libre.martes 2 de junio de 2009
martes 12 de mayo de 2009
Pájaros en la cabeza - José Ángel Beckett

Mi padre me mira desde el otro lado de la mesa, no deja de gritar frases que yo no puedo entender. Mi madre calla mientras me deja el plato de sopa delante de mí, ella ya ha dejado de creer en aquellas palabras que un día le conté. Yo no puedo apartar los ojos de la ventana, las nubes pasan formando dibujos en el cielo azul. Da igual lo que me digan, lo que piensen, solo soy capaz de entender que el cielo me recuerda a un infinito mar sin olas que con mi mente soy capaz de surcar.
Mi padre se levanta enfadado y me dice que tengo la cabeza llena de pájaros… tiene razón, tengo la cabeza llena de pájaros que baten sus alas dentro de mí, siento el golpear de sus picos y sus cantos infinitos que no dejan de sonar y sonar. Quiero ser como uno de esos pájaros que vuelan en mi cabeza, pero no tengo unas alas que me puedan llevar lejos, muy lejos de aquí. Trato de no llorar y procuro mentir sobre un cielo azul que acaricia un mar que nunca veré.
NO es fácil vivir mientras sientes que tu cabeza está llena de sueños y aves que tratan de buscar un espacio donde poder volar. Siento sin embargo como las alas golpean en mi mente tratando de encontrar una libertad que no les podré dar. Mientras tanto trato de parecer normal, intento esconder ese ruido eterno que nace dentro de mí y procuro siempre que puedo poder mirar hacia el cielo para ver bandadas de pájaros volar hacia otras tierras, hacia otros cielos.
Sentado en mi trabajo veo como alguien no deja de gritar frases que yo no puedo entender, siento las miradas de otros compañeros fijas en mi. Yo solo miro a través de una ventana como las nubes dibujan sobre el cielo formas que me hacen reír. Aunque lo intenten disimular ellos y yo estamos bajo el mismo cielo, aquel que surcan bandadas de pájaros que nadie podrá detener.
Algún día mis pájaros se irán volando muy lejos de mí, ya no sentiré sus aleteos nerviosos surcar mi mente, ese día yo extenderé mis alas y volaré junto a ellos, quizás ya no regrese nunca más. Si ese día llega piensa en mí como yo pienso en ti, porque los dos estamos bajo el mismo cielo, porque los dos sentimos como los pájaros nos dicen que no estamos solos y porque los sueños como la vida nunca mueren del todo.
Tupá - JUAN DISANTE

Rara vez pienso sólo con palabras.
ALBERT EINSTEIN
Saga es la Diosa de la Historia y también es una senda. Si avanzamos en el camino hacia el pasado, encontramos que el de Tupá es la saga mitológica guaraní más interesante del continente, porque acertó en predecir el desastre ecológico incubado en el mundo actual.
Tupá, también conocido por Oreyerá o Ñamandurueté, es hacedor del bien, siendo el espíritu supremo del trueno, porque éste es Arasunú, en el cual Ara es el cielo, el alto firmamento por excelencia, y Sunú la onomatopeya del terrible retumbo del trueno. Osunú es el trueno bueno, pero la sabiduría guaraní entendía que todo ente tiene su contrario-asociado. Las dos mitades “necesarias”. ¡Que extrañamente zen y dialéctico! El concepto de nuestros primeros dioses apoyaban su pluma en una realidad divergente y, a la vez, concordante; en donde se necesitaban de las dos fuerzas para acrecentar la propia identidad: lo malo y lo bueno.
Entonces, de modo análogo y por oposición, existía Añá el dios del mal -asociado al mismo diablo- que se dedicaba a confrontar con su enemigo Tupá y a hacerle la vida imposible, queriendo imponer las calamidades. Por eso el bueno de Tupá, apoyado en las fuerzas naturales, salía a pelear contra la lógica de la linealidad y la villanía de Mandinga.
Entre los primitivos tupíes y los botocudos, el relámpago Ara-Berá o Tupá Berá, era el Dios Tupí que se confundía con el cielo infinito y, usando el lenguaje de su brillo eléctrico, enseñaba a los humanos que debían cuidar la tierra como a sus propias vidas y les recomendaba no alterar la armonía vegetal, animal y mineral que los dioses habían otorgado en préstamo a los habitantes. El equilibrio natural era la mayor herencia a respetar y la depredación era sancionada con la respuesta de las fuerzas naturales. Además, debían de hacer oídos sordos a los ofrecimientos desleales de Añá, la deidad que sólo les ofrecería ignominia y “macanas”.
De todos los dioses americanos Tupá fue el que reinó sobre los territorios más vastos. Su imperio se extendía desde lo que hoy es la península de Florida, abarcando todo el litoral del Atlántico hasta el Río de la Plata. Su influencia era tan preponderante que los pueblos querandíes, caribes, tupíes, guaraníes y charrúas eran adoradores fervorosos del Tupá. Ellos sabían que veneraban a un dios que, morando en las alturas montañosas, les había dado sobradas muestras de su altruismo y que (¡atención!), no sólo producía rayos, lluvias y vendavales, sino que en su furia ante las transgresiones de los hombres al medio ambiente, podía generar también terremotos.
Ninguna divinidad europea ni asiática ejerció un poderío más extenso que Tupá, pero los viejos sabios de las tribus habían escrito para las futuras generaciones que cuando llegara el santo sacerdote blanco desde muy lejos –y que haría alianza con Añá- comenzaría el crepúsculo del afable dios guaraní.
Y la profecía se cumplió: de más allá del océano vinieron los nuevos ocupantes y el dios del trueno fue vencido en muchas batallas por el soberbio Añangá Memby, la nueva personificación del desastre.
Curiosamente, los primeros jesuitas, que intentaron dirigir el culto a Tupá (porque significaba el Principio del Bien), se encontraron a lo largo de sus catequesis, que no sólo significaba una superstición literaria del mito de Jaraparí, sino que el poder de las fuerzas naturales del bien estaba convocado, en cada cita, por singulares ritos y danzas que los originarios pobladores ejercían en los momentos de crisis.
Los evangelizadores ya en Europa tampoco habían dado crédito a la existencia de Júpiter Tonante, el arremolinador de nubes de la Grecia de Zeus.
¡Qué error!
Hoy, siglo XXI, la más avanzada ciencia ha descubierto el papel fundamental que cumplen los relámpagos en el medio ambiente planetario. A su parecer, los huracanes son impulsados por la tala de bosques y actúan normando el eco sistema. Mientras que los rayos trabajan en forma directa sobre la ionización del magma, creando de esa manera nueva vida –llamada plasmacélulas- en su titánica y eterna lucha contra la devastación perseguida por el diabólico Añá.
Ese malmandado de Añá, que a veces gana batallas y a veces las pierde.
............
( "... pero, Tupá supo internarse en ese futuro amenazante, y entonces esparció sobre el caribe generosas semillas de Tabanuco, varios huevos de Iguanas verdes de papada hinchada y una ignota a-materia mineral que, un próximo premio Nobel, anunciará como pilares en la lucha contra el calentamiento global" ).
domingo 10 de mayo de 2009
Poesía en Oviedo
13 de MAYO: Oviedo.

jueves 7 de mayo de 2009
El sastre de Apollinaire

lunes 27 de abril de 2009
CARTA DEL EDITOR
CONCLUSIONES sobre el MUNDO EDITORIAL tras un año con LEGADOS EDICIONES.
(No siempre ocurre así, ADVIERTO, pero es la regla general).
- Los libreros no cogen nuestros libros, prefieren los que se venden como churros. No hablo sólo de las grandes superficies comerciales, sino de pequeños libreros que van con la bandera de "alternativos" por la vida.
- Las distribuidoras no distribuyen lo que no es comercial. Muchas veces las propias editoriales distribuyen por su cuenta, porque no se fían, aun cuando tengan una distribuidora a su servicio. No hay más que ver los catálogos de un distribuidor: Códigos da Vinci, Los caballeros del Santo Grial, literatura erótica y libros fantásticos para adolescentes.
- Los medios de comunicación no promocionan más que lo que les reporta beneficios a sus propias empresas de comunicación. Sólo en los blogs y revistas virtuales se puede tener cierto eco.
- Algunos periodistas nos piden dinero a cambio de una reseña. Eso se llama publicidad, no periodismo. A un periodista debe pagarle su medio, igual que a nosotros nos deben pagar los lectores.
- Los medios sobreviven gracias a la publicidad. Es otro tipo de AUTOEDICIÓN (para los críticos con la edición de autor, habría que mencionar la cantidad de dinero que les da a los grandes periódicos los anuncios de prostitución que ayudan a sostener a las mafias que luego critican).
- Algunos jefes de redacción revenden los libros no reseñados en sus medios (al menos 100 títulos a la semana) a libreros y así se sacan un dinero extra (300-400 euros a la semana). No lo hacen ellos directamente, son tan cobardes que mandan al portero o vigilante de la empresa (son libros enviados gratis a las redacciones de Cultura para conseguir alguna reseña).
- Los críticos tampoco se interesan más que por aquello que publican sus amigos literarios. Incluso tienen muchos problemas para publicar sus reseñas cuando son demasiado “alternativas”.
- El público prefiere gastarse 20 euros en libros comerciales antes que 8-12 euros en un libro de un autor que está empezando. Y contra eso pocos argumentos se pueden ofrecer cuando una editorial pretende sobrevivir gracias a sus ventas (sin más ingresos que los de sus lectores; sin subvenciones ni autoedición).
NO SIEMPRE ES ASÍ: hay buenos lectores, libreros, periodistas, críticos, blogueros y distribuidores que están interesados en la buena literatura y con ellos colaboramos. Pero por desgracia, son una minoría.
Esto es un SUPERMERCADO, tiene poco que ver con la cultura. Eso sí, a todos estos gremios se les llena la boca al declararse los grandes defensores de la “cultura”.
Contra esta manipulación, sólo quedan las redes sociales alternativas, especialmente Internet. Aunque ya hay intentos de control por parte de los estamentos oficiales.
Cada elemento tiene el derecho a elegir con quien trabaja y a quien ayuda, igual que este editor tiene el derecho a expresar lo que piensa.
Con estas circunstancias, es cada día más complicado resistir. Pero seguiremos intentándolo.
Agustín Sánchez Antequera, editor.
www.legadosediciones.com
sábado 25 de abril de 2009
Comunicado para autores
Carlos Gargallo
MÁS LUZ
He soñado el poema que dice al mundo
Con su tumulto de palabras aladas
–Bandada de pájaros de fuego–,
Que devuelva la luz a todas las praderas.
He aquí el poema que quiere abrirse,
El poema que quiere llegar al centro de la tierra
Porque no desconoce el magma de su esencia,
El ígneo y secreto elemento de su aliento.
He aquí al poema
Que cantará para siempre con el mar.
*****
ÚLTIMA PLEGARIA
Se quedó dormido en las paredes del tiempo
con su eco infinito de espuma
–como cascabeles que suenan intermitentes
en el dolor y la dicha de sus bahías y acantilados–,
y sus olas se ciñen a los viajeros
enredándose en la oculta profecía de un puerto,
en el suspiro de un adiós,
en el aroma de marismas y yodo,
en el horizonte de una mirada fundida
hasta agotar el ocaso.
Tú, mar, sin nombrarte siquiera,
empiezas donde acaban mis nostalgias;
velas la noche y el día;
eres labio de sal,
arquitecto del reflejo
de la bóveda estrellada
cada vez que se arrodilla la tarde ante tu espejo,
en la esperanza contada con mis dedos.
Desde este sur aterciopelado
como amapolas de pasión epistolar,
cuando extiendes tus brazos sedosos de levante
y el sol no encuentra arista donde romperse;
un rumor de coral,
firma nuestro pacto de sangre.
Ya no te pediré más
que me devuelvas el hijo que me quitaste.
martes 21 de abril de 2009
José Miguel García Martín

EL JARDÍN DEL EDÉN
Era ya casi de noche cuando la campanilla del Arcángel sonó con tañido argentino a las puertas del Jardín del Edén.
—Vamos, señores —dijo—, por favor, vayan desalojando. Ya es la hora.
Los que estaban dentro fueron cruzando la verja, con cierta mirada de extrañeza dirigida al Arcángel. Éste seguía tocando su campanilla, ajeno a las miradas. Sólo Adán se encaró con él:
—Pero nunca antes… —comenzó a decir.
—Órdenes de arriba —el Arcángel no tenía ganas de discutir, él era un simple mandado. Siguió agitando su sonoro instrumento.
Como advirtiera que, pese a todo, la mirada de Adán seguía clavada en él, solicitando una explicación, se vio obligado a bajar la voz y confesarle:
—Últimamente se ven por aquí tipos muy raros —susurró—. Ha crecido la delincuencia —y volvió a agitar la campanilla.
Cesc Fortuny i Fabré
LLUEVE DESDE DENTRO DE LOS CIPRESES
El bosque se arrastra
en un parto bastardo de edificios,
empuja la piel de las carreteras,
de los caminos tristes, y germina
el musgo en mi boca,
en mi hueco de nada.
Cuando las bombas de mano
estallan como cabezas,
nace en la arcana cueva
la diferencia
entre tontería y maldad.
Llueve desde dentro de los cipreses
cuando los espejos me repiten
que nuestra carne se va,
mientras los pájaros arden
en la comisura de los labios.
Las piedras pesan sobre el silencio
cuando los muertos no están tranquilos,
allí donde las vísceras ya no palpitan,
y las casas heridas tuvieron
un mal nacimiento.
El pene, en su carencia,
es lámpara de agua
que fornica los sueños
con la ferocidad de la putrefacción.
El aire cae como la roca,
devora al insecto, hiere
el estómago de los niños
que ciertos días viven frente
a los enjambres.
La fruta llueve sobre los coágulos
y la baba late en el árbol,
la locura sin sangre vive en la lengua,
y en los gusanos.
El ratón pierde lo que gana el búho.
José Ángel Beckett

¿QUIÉN ES AQUEL QUE MIRA A TRAVÉS DE MIS OJOS?
Me gusta escribir, es algo que llevo muy dentro de mí. No puedo evitar escribir en mi mente todo lo que pasa a mi alrededor, todo lo que me ocurre. Porque escribo, solo escribo, nunca pienso.
”Voy caminando por una acera gris. Me cruzo con gente a la que nunca miro, no quiero que descubran en mis ojos que tengo miedo”
A veces me elevo por encima de mí y puedo verme perdido y solo, caminando hacia ninguna parte, soy como una mosca atrapada dentro de la botella que es incapaz de encontrar la salida. Me he convertido en un personaje de mi propia historia, quiero cambiar mi vida pero no puedo, solo se escribir y voy repitiendo con palabras lo que veo.
“Mis zapatos son marrones, es lo único que me une a la tierra, mi cabeza quiere tocar el cielo, es lo único que me une a la humanidad”
Soy un escritor de pensamientos, describo todo lo que me ocurre, por eso me escondo de la gente, no quiero que lean en mis ojos. Me alejo lo más posible de ellos, no me gustan sus vidas grises, huyo de sus palabras, de sus falsedades, de sus egoísmos. No me importa que me digan que estoy loco, ellos no saben, ni sabrán nunca de que material están tejidos mis sueños.
“Me detengo. Hay un semáforo en rojo, alguien se ha puesto a mi lado, siento como su perfume sube por mi piel. Quiero detener el tiempo para siempre y saber qué clase de persona es. Pero no me atrevo a levantar la mirada, siento vergüenza de que me descubra mirando. Dentro de mi cabeza nace una canción que no deja de sonar”
Me gusta escribir en mi mente, es como un juego, transformo en palabras todo lo que siento, todo lo que veo. Solo entonces me encuentro seguro, solo entonces puedo entender que no estoy perdido y que mi vida solo es una historia que alguien cuenta fuera de mí. Las palabras son como rayos de luz que entran por mis ojos y transforman el mundo que piso.
“Me siento en el metro. Hay mucha gente. Puedo ver a un hombre mientras lee el periódico. Me ha sorprendido leyendo los titulares en el papel. Desvío la mirada y miro al suelo, allí me siento más seguro, no quiero que me descubran escribiendo sobre mis pensamientos”
Nadie puede ver mi mundo, nadie puede levantar los brazos y gritar en silencio, nadie puede ver mis ríos de color púrpura, y mi cielo de color verde, nadie es capaz de sentir como suena esa canción dentro de mí. Nadie me conoce realmente, tampoco se conocen a ellos, son como marionetas en el universo que yo escribo, son personajes secundarios a los que yo les doy vida.
“Entro en mi casa, quiero besarla y no la beso, quiero abrazarla y no la abrazo. Dentro de mi suena una canción, cojo mi guitarra e intento buscar los acordes”
Me encuentro bien en ese mundo en el cual habito, allí nadie miente, nadie se burla, nadie oculta sus verdades, no hay máscaras, ni rencores, ni ansiedades, ni luchas, ni odios, ni violencia, ni derrotados, ni vencidos, ni lágrimas, ni injusticias
“Tengo una hoja en blanco delante de mí. Ha pasado otro día y no he conseguido escribir nada, tacho un número en mi calendario de papel. Apago la luz… ya todo pertenece a la oscuridad y al silencio. Quiero dormir, quiero acurrucarme a su lado, quiero dormir muy profundamente quizás así deje ya de escribir, quizás así pueda soñar, quizás así pueda por fin no dejar de soñar”
Si alguien puede leer esto alguna vez que lo haga en silencio, porque quizás descubra que todas estas palabras no las escribí yo, quizás descubra que su mundo es mi mundo, que sus pensamientos son los míos, quizás descubra al mirarse al espejo que todo está vacío y que solo es un personaje que habita en un mundo extraño, un mundo que yo escribí.
Álvaro Sánchez Torres

Y yo no soporto más mi oscuro futuro. Eso es. Una luz.
La luz de esta cafetería es blanca sin embargo, tubos fluorescentes creando una luminosidad casi celestial, que hace que la calle oscura y desierta de afuera, se vea a través de las ventanas como algo irreal.
No hay casi nadie, solo gente dispersa y callada. Me siento en la barra mirándote disimuladamente mientras atiendes a otro cliente.
Siempre haces este turno, no faltas nunca, yo tampoco.
No puedo, desde aquella maldita noche en que la deriva me trajo allí y te vi.
Siento como esa luz me desnuda poco a poco por dentro mientras te acercas a mi, como si no pudiese ocultar quien soy y me estremezco no solo por la bebida.
En realidad nos desnuda a los dos porque veo muy bien tu rostro mientras te acercas, tu expresión nerviosa y a la vez cansada, seguramente ves mi lamentable estado, pero me sonríes y yo puedo ver perfectamente la cara por la que moriría allí mismo, en ese instante, tu maquillaje agresivo y a la vez sencillo, tu vestido marcándote las líneas de un cuerpo que no puedes disimular, ni quieres.
Nos miramos.
–¿Café? –preguntas cuando en realidad es una afirmación.
–Si, gracias –consigo responder y te miro mientras te vas.
Me enciendo un cigarro y te miro mientras preparas el café, se me ocurre pensar que en realidad es nuestro momento más íntimo, lo más cercano a un sentimiento real que experimento aquella noche, aquel día. Mientras me lo sirves con una sonrisa, la de despedida, Te miro.
Fumando, respirando tu perfume cuando pasas cerca de mi para atender a otro cliente, pasa el tiempo, se me escurre entre los dedos, tu presencia. Termina tu turno de dos horas y te vas de mi eterna obscuridad hasta la noche siguiente. Es entonces cuando te miro por última vez a la cara y me doy cuenta de que es lo que me hizo enamorarme de ti locamente, eres la única persona que he conocido que no refleja sueño, puede que tristeza y cansancio, pero nunca sueño. Y solo en ese instante cuando desesperado por verte marchar, como el sol que se pone, inevitable, me doy cuenta que nunca me miras al irte, puede que porque intuyes que la desesperación pueda hacer que al fin hable o temas que haga alguna locura, puede que solo sea un juego para ti, puede… quien sabe ,el caso es que casi tímida pasas a mi lado y te vas.
Vivo las 2 horas que estoy con ella, muero las otras 18.
Duermo solo 4 horas y es algo que nunca le he dicho a nadie, pues me convierte en un ser monstruoso desde el 25 de junio de 2001, ese día el mundo entero se quedo dormido de repente y no despierto hasta pasadas 20 horas, en un extraño suceso que marco la historia de la humanidad, el comienzo de la llamada edad de Morfeo. A partir de ese día la gente necesito dormir casi 20 horas. No voy a explicar todos los cambios sociológicos, políticos y culturales que implico el nuevo orden natural, ni la controversia generada por científicos y teólogos que achacaron el cambios a diversos motivos, si bien el mas aceptado es el de un cambio en la luz solar y temperatura que altero nuestro metabolismo y ritmos circadianos.
Ahora todos están despiertos solo 4 horas, todo el mundo vive rapidísimo pues en 4 horas tienen que condensar sus vidas, comen solo una vez, trabajan 2 horas todos los días y se relacionan entre si sin perder tiempo, después duermen, pasamos más tiempo en la vida dormidos que despiertos y curiosamente la solución al stress moderno resulto ser vivir aun mas rápido.
La gente normal se despierta todavía de día, generalmente entre las 10 y la 14h o entre las 14 y las 18 horas después el mundo se queda desierto y solo lo habitan gente solitaria que trabaja en turnos que nadie quiere, solitarios, y demás fauna nocturna.
O seres extraños, gente que casi no duermen. No he sido el único que no evoluciono, si alguien me descubriera me encerrarían y me harían pruebas como les paso a algunos que conocí en otra época, por eso vivo como les corresponde a los eslabones perdidos como yo. Completamente solo.
Salgo de la cafetería, y deambulo por la ciudad muerta, calles oscuras y desiertas, de vez en cuando algún coche pero nadie caminando por la calle. Camino sintiendo como el frio me cala.
Compro una botella pequeña de vodka en un Seven Eleven y miro al cielo, está amaneciendo, Me voy al parque. Nunca hay nadie. Me siento en un banco enfrente de imponentes rascacielos mientras la luz del amanecer se filtra en mi mundo, las sombras se esclarecen y me bebo la botella de un trago, lloro, me quedo dormido.
Despierto al cabo de un rato y veo que ya es de día, no habrá pasado ni media hora pero la luz es fulgurante, entreabriendo los ojos miro a los bancos de en frente y se me detiene el corazón, veo un fantasma.
Estas ahí, mirándome, sentada con el mismo vestido que llevabas en la cafetería y sonríes alegremente mientras te tocas el pelo.
Me levanto y camino a tu lado. Nos miramos.
María Ávila Bravo-Vilasante
NO EXISTE EL MAÑANA
No existe el mañana, dice
subrayando el calendario
y otro sábado sin flores
otro martes con ojeras
Pero no existe el mañana
y lía cigarrillos
con los extractos del banco
planes de pensiones
hipotecas
seguros de vida
sobre seguro de casa
y de coche
seguro contra emociones.
No existe el mañana
y tiembla de ira
por el día libre de su agenda
y analiza su sangre
sus flemas
y la mierda que le estriñe.
No existe el mañana,
vivo el día a día, dice
y por las noches le estrangulan
las cadenas
de su falsa libertad.
* * * * *
CONTRA LOS DIOSES
Contra los dioses
acaricio tus mejillas
sobrevivo exiliada
de la primavera.
Intento cruzar la frontera
del jardín prohibido de otra piel,
condenada a ser, demasiado tiempo
reflejo en las pupilas de la gente,
no más.
Poco de mí queda ya en este cuerpo.
miércoles 8 de abril de 2009
CAMBIOS DIRECCIÓN WEB
Laura Gómez Palma en MADRID
domingo 29 de marzo de 2009
La mosca

¿Qué se propone uno con la filosofía? Enseñar a la mosca a escapar del frasco.
Ludwig Wittgenstein
Berta miro sin mirar, con la mente vacía de pensamientos, pero justo cuando su mirada iba a traspasar el objeto observado, vio que dentro su botella de agua revoloteaba una mosca.
La visón fue fugaz, sus movimientos rápidos, se levanto y dijo: Esto parece sacado de un cuento de Cortazar. Ningún compañero la escuchó, faltaban unos minutos para poner fin a la jornada laboral de ese día.
Con gesto enérgico vació la botella en el inodoro, tiro de la cadena, enjuagó varias veces la botella y se lavo las manos mirándose al espejo, que le devolvió su imagen levantando las cejas y los hombros.
De vuelta a casa, sentada en un vagón del metro observaba a las personas que entraban y a las que salían, con una mirada que se deslizaba sobre ellas, acariciando los rostros vistos sin llegar a prenderlos.
Hacía calor, ya habían empezado los rigores del verano madrileño. Cerró los ojos dejándose mecer por el vaivén del tren y una fotografía se posó en su mente a la vez que una mosca se empezó a pasear por su brazo.
La imagen interior le producía cierta inquietud : una botella de agua por la mitad en la que revoloteaba una mosca sin rozar el agua.
¿Cómo caíste en ese agujero? Hay poco aire para que sobrevivas y no sabes nadar, he visto infinidad de moscas flotando muertas en infinidad de aguas, tu espacio es pequeño, corto tu tiempo. ¿Por qué has entrado? ¿Para indagar? ¿Para coger un ultimo soplo de aire de mi botella? ¿Para morir? Caíste en una trampa mortal y vagarás por las cloacas de la ciudad hasta donde un movimiento enloquecedor te lleve. Quizá vuelvas a ver la luz pero no vuelvas a meterte en una botellita de agua, que la muerte es mas lenta que la de un golpe de periódico. Zas… Y cayó muerta en el suelo del vagón de metro, la pisarían, la barrerían, la arrastrarían , vagaría muerta o quizá sólo herida por las cloacas de la ciudad hasta donde un movimiento enloquecedor la llevara.
Berta llego a casa y después de comer cayo en un duermevela : dos fotografías en blanco y negro vinieron a su mente y le obligaron a levantarse y prepararse un café para olvidar el desasosiego: una mosca muerta o quizá solo herida en el suelo de un vagón de metro, otra mosca dentro de una botella de agua intentado vivir o quizá morir.
CRISTINA PUMAR
(Dibujo de Augusto Monterroso)
Dioni Blasco
Flotando
En la grasa
De la pantalla
Del ordenador
Despotricando
Precintos
de mi
Pasado
Haciendo pasar
A mi corazón
Por loco
Por tonto
Por falso
domingo 22 de marzo de 2009
Presentación HAZ DE LUZ en Gandía

Miércoles, 25 de MARZO de 2009, 20´00 horas.
El futuro de la literatura

Dicen que los escritores “hacemos” la literatura. Eso no es cierto ya que la literatura como yo la veo es Arte, por ello nunca puede compararse con la escritura. De escritores hay muchos, objetivos y subjetivos, poetas y novelistas o historiadores; todos escriben, pero pocos hacen arte. E incluso podemos decir hay que padecen enfermedades mentales. A estos últimos se los ha calificado erróneamente como genios. No obstante, gracias al aporte científico aplicado de las teorías “freudianas”, psicólogos como Vygotski o Gardner advirtieron que los trastornos mentales no producían síntomas negativos en el proceder del artista pese a influir directamente en los lóbulos del cerebro, sino todo lo contrario, lo estimulaban, quizás debido a la saturación de las ondas cerebrales las cuales transmitían más encimas que provocaban los cambios de carácter del individuo, mas no afectaban a su lucidez ni lógica. A ello debemos la conclusión de que la cualidad que inflinge en el artista su impronta creativa, necesaria para el desarrollo del arte, es independiente a toda causa accidental por lo que finalizamos diciendo que esa misma capacidad, preludio del ARTE es intrínseca y natural del Ser Humano. Asimismo, dicha capacidad es imposible de conquistar sin la existencia en el mismo Ser de lo que yo denomino en mi libro “El Neomodernismo Literario o Una visión Artística de la Literatura” como gracia artística. Pero, volviendo al punto de vista psicoanalítico podríamos decir que el arte podría considerarse la respuesta fáctica del mal comportamiento de la mente influida por los deseos que, mediante la estética de la inteligencia, es canalizado en aspectos contrapuestos e influye en el comportamiento sensorial del prójimo como ser humano también “deseoso”.
La literatura es el único arte completo, los demás sólo son artes aislados. La pintura y la música, aunque se sirvan de gráficos para reflejar el compás o descubrir el significado del dibujo, serían meros comparsas a no ser que los escritores que profundizaban sobre ellos en estudios y tratados teóricos los recordaran. La literatura, por lo tanto, es el estado de arte más humano ya que comprende todas las facetas del Ser Humano, pero lo más importante es que crea instrumentalismo (escritura), lo cual es una fuerza motriz de la sociedad. En sí, la literatura se sirve así misma mediante la creación del literato, pero da parte a la historia de todas las formas del arte con la escritura. Es por ello, doblemente humana. La literatura pues, es el eje del cual fluyen las diferentes formas de arte. Sin ella no hay comunicación y sin comunicación, el Ser Humano no existiría ni poseería los aspectos diferenciales que lo conforman y distinguen de los demás animales. Por otra parte, la capacidad asociativa del público ante cualquier forma de arte (aquí en especial la literatura), trasciende según la capacidad interna y hoy día en gran manera muy objetiva, por la vinculación de la sociedad actual a las “modas” y no a la cultura en su grado más íntimo. Por ello, a día de hoy se descartan los ensayos y academicismos por la novela o el Best-Seller, y ello tiene su explicación en la búsqueda de vías de escape debido al aumento de la población universitaria. Indudablemente, hoy día la masa social tiende a visiones más someras de ver una realidad más objetiva en las obras, como antes se ha dicho. No obstante, debido a la publicación de una nueva literatura que cada día mezcla más dosis de hiperrealismo y la esencia irreal o subjetivismo del mismo artista (p. ej. Ver guiones de películas independientes de D. Cronenberg, o bien Best-Seller historiográficos como el de J. Littel en “las Benévolas”) que hacen proclive al lector-espectador, ya que al tener dichas obras una buena crítica, le permite adentrarse en aquello que no es material; lo que puede acercar a la involución negativa que ha tenido la literatura comercial en los últimos años ¿Podría eso ser el preámbulo de un cambio cercano? Es dudoso decirlo. El trío sexo-drogas-rock´n roll ha pasado a la historia. Una clase notoria de gente más cultivada cada día queda influida en ideas alternativas, quizás incluso antagónicas con la idea de literatura que se ha tenido durante los últimos 50 años. Frenar el envite de las modas es importante, pero aún dista mucho de influir en un contexto social más elevado, ya que la cultura actual y mayormente formada con la estética docente no favorece el uso de la lectura.
ANGEL BRICHS PAPIOL
El durazno o melocotón
O LA IMPORTANCIA DE LAS ESDRÚJULAS EN EL MESTER FILOSÓFICO.El eje paradigmático del durazno, en tanto que duraznidad (o melocotonidad para los jatiboniquenses) es parafraseando al borgeano laberíntico del aleph/alfa, un punto de inflexión de la eclosión universal del fonema en cuanto a su proyección a los yoes relevantes de su condición duraznil; y se interpola al imbricado escollo del problema mayestático que responde al premeditado discurrir heraclitano jamás resuelto por el discurso socrático, de si la humanidad comiera el último fruto del árbol, en tanto que arbolidad arbórea, y no enterrara su carozo, que según la definición del R.A.E. es el hueso duro y rugoso (aquí de rima obligatoria) que encierra una amarga almendra, ¿se acabaría el fruto futuro, dejando a la contemporaneidad post-posmodera en estado de indefensión apoplética?
Hoy en día, atrapados en una red telemática, cibernética, internáutica y plurifacética dentro de la carretera virtual, estamos apreciando el acontecer de un futuro inderogable, en su puro devenir, de no enterrar debidamente el carozo del durazno o melocotón, restringiendo el debate semiológico y metalingüístico a un acto formal y aperingotado en su bucolicismo, descaminando la senda del regocijante néctar, escatimando su importancia pertinente y extralimitando nuestras circunlocuciones con ardites barthesianos del estructuralismo simplificante y cayendo en la artimaña deconstructiva de las teselas de un mosaico que simula la propia Babel, en un presente al estilo de Derrida o ante el pesimismo fatalista y lacaniano de la bolognesa Universidad donde Umberto Eco solía impartir sus míticas clases en tiempos pretéritos.
Claramente planteada, nuestra demanda no se queda inmovilizada en el plano retórico sino que amortiza un costo existencial anticatastrófico que nos permite inferir que sin enterrar el carozo del último durazno, no habrá durazno ni tampoco melocotones, para nuestros hermanos de Centro América.
Por ello y sin caer en demagogias, universalizando el arquetipo, plantearemos categorías cósmicas fundantes de una ciencia eficaz que supere toda duda cartesiana y nos preguntaremos si para que en un futuro mediato haya batatas, los hombres deben enterrar la batata, puesto que ésta al igual que la banana, nao tem carozo, mas tem filamento groso que dificulta a mastigaçao.
El fin de la bohemia

Al abrir la ventana alegran mi alma vespertina, ansiosa, los dulces aromas de las frutas maduras y las flores que adornan la mañana húmeda. Es tan vivo el recuerdo que mi paladar saborea sin prisa las mieles del campo… Y vuelo, vuelo libre como un pájaro, buscando las gotas de rocío que aguardan calladas en las hojas de los árboles.
Pero de pronto, tañe agudo el cristal, y despierto de mi feliz ensoñación. Elevo de forma automática mi copa y acerco a ella mis labios; el tibio elixir rubí acaricia mi boca con sutileza. El resto de comensales, permanece como ausente entre el ruido de voces ininteligibles que lo inunda todo. Por un instante, me pregunto: ¿qué diablos hago aquí? Pero una hermosa mujer sentada a mi vera, vestida de blanco inmaculado y margaritas en el pelo, me hace salir de dudas con un cálido beso. Miro a mi alrededor: la sala carece de ventanas. Y por un momento me siento atrapado como un pequeño jilguero en una jaula de cristal.
El espejo del peluquero
Peino a señoras, afeito a ancianos, corto el pelo a niños y también me ocupo de que enfermos y discapacitados mantengan una imagen pulcra, aseada y digna. Soy peluquero a domicilio. Voy de casa en casa atendiendo a todo tipo de clientes que por uno u otro motivo no pueden desplazarse a una peluquería. Viajo con mi maletín de útiles y mi espejo. De las tijeras, navajas, cepillos, peines, clips, pinzas y tirabuzones no tengo nada especial que decirte que tú no sepas. De mi espejo, este espejo normal y corriente enmarcado en madera y con un base que lo mantiene en vertical, déjame que te diga que le tengo un especial cariño. ¿Que qué tiene de especial? Pues que nos proporciona, a mí y a mis clientes, momentos de gran satisfacción. Es el momento en que, acabado mi trabajo, me sitúo detrás de ellos y veo brillar sus ojos cuando se ven a sí mismos con la cara despejada, el cabello ordenado y bien peinado. Ese instante es lo que hace que, pese a las duras condiciones, adore mi trabajo y a mi espejo.
Algunos de mis clientes me preguntan cómo consigo dejarlos tan guapos. Yo les digo que es el espejo quien me guía. Que veo en el espejo a la hermosa persona que en realidad es. "¿Y por qué yo me veo viejo, cansado, enfermo, feo?", me preguntan a continuación. Entonces me gustaría decirles que guarden en su memoria la imagen de sí mismos reflejada en mi espejo y traten de ser esa persona. Pero no se lo digo porque sé que en cuanto me vaya, la realidad de sus limitaciones, padecimientos y soledades volverá a apoderarse de ellos, creciendo inexorablemente como crece su barba, se desordena su cabello canoso o se enmarañan sus rizos. Pero eso no me desanima porque sé que dentro de mi espejo queda grabada la auténtica imagen de cada uno de mis clientes. Caras felices, rejuvenecidas, llenas de ilusiones y sueños. Caras agradecidas que me dicen que sigue habiendo vida para ellos, o que siguen siendo personas hermosas y bellas, como lo habían sido alguna vez en su pasado. Caras que se conservan intactas, inalterables al paso del tiempo y de los hechos, y que vuelven a aparecer, en la siguiente visita, cuando retiro la funda del espejo y me sitúo detrás de mi cliente, para empezar de nuevo.
viernes 13 de marzo de 2009
desde el agua en Valencia
Lectura de POEMAS de Laura Gómez Palma (desde el agua) y CONCIERTO de ROCK a cargo de Igor Paskual.Carencia total de inspiración
Respirar. Respirar nicotina y ausencia de magia. Las carreteras asfaltan de manera prosaica un torrente de pensamientos mientras los pulmones, carentes de oxígeno, buscan desesperadamente un combustible ajeno al miedo. Y todo se derrumba. Agazapados por una bocanada de aire, los instintos depredadores eternizan una guerra fría sin teléfonos rojos que construye muros por doquier. (Esos no se derrumban).
Mirar en rededor, con mirada necia. Crisis, crisis, crisis. Mas, por mucho que diga la prensa, todo se regala. Las almas pagando letras de hipotecas que han venido a convertirse en las sustitutas del diablo. Los ojos evitando encontrarse; tropezar desinteresadamente como solían hacerlo, por temor a que algo los succione y se queden atrapados en un bache retrasando su huída de quién sabe qué. Ya no hay principios (ni siquiera finales), soñar es de bobalicones y de comedias americanas. Las glotis se impermeabilizan tras corrientes de saliva que, forzosamente, se deslizan por su superficie hasta causar tumulto. Se traga saliva como se tragan ilusiones.
Recordar. Recordar inocencias, que murieron en el seno del escepticismo exentas de quimioterapia. Luces y sombras que configuraron el elenco de una función que nunca llegó a estrenarse aunque resistió pasivamente al desgaste del tiempo, de la faz de las dudas (hasta aquel maldito holocausto...). Recordar. Cuando aún era posible llorar de cara al público y las manos jugaban a entrelazarse y regalarse vida. Cuando las garras enmudecían ante un sonido de carcajadas. Cuando los monstruos vivían debajo de la cama y no en el pecho.
Preguntarse...
¿Quién puede llamarse poeta
en un mundo sin poesía?

El chiflado de las mariposas

Las Mariposas Monarca son inconfundibles: sus alas amarillas brillan entre gruesas rayas negras; las hacen suntuosas… Y sus delicados movimientos las hacen parecer las protagonistas de un baile noble.
Cada año migraban hacia el Sur desde las Rocosas en primavera, y siempre descansaban su vuelo en la cabaña de un viejo pastor de cabras. Las que volvían de una vez para otra ya no eran las mismas; eso lo sabía el anciano, porque una mariposa no vive más de seis semanas. Pero todas las primaveras pasaban por allí y se detenían como para saludarle afectuosamente.
Le gustaba pensar que estas se transmitían de generación en generación, que en ese lugar podían reposar y aquietarse, tranquilas. El hombre había conocido ya a nietas, biznietas, tataranietas, madres, abuelas, bisabuelas, tatarabuelas, tataratataratatarabuelas, a toda la familia…
Las Monarca agradecían que él se deshiciera, antes de su llegada, de las arañas y algunos pájaros que se daban un festín gastrómonico cuando ellas llegaban al bosquecillo; a veces algún murciélago escondido les había dado un buen susto, pero el buen señor a escobazos, lo había hecho huir con las orejillas muy tiesas y las alas temblorosas.
Los árboles allí eran altos y fuertes, a pesar de que alguna vez estuvieron en peligro. Grandes empresarios y apoderados de la población cercana, trataban de convencer a todos los de la región de que la tala era sinónimo de mejorar las cosas; en cambio, protestas y manifestaciones, les hicieron cambiar de idea. El alboroto fue espectacular, pero después de eso, la paz volvió a reinar por los alrededores.
Hacía cinco lustros que paraban por allá… Las esperaba con fervor… No se oía ni el vuelo de una mosca.
Muy triste y decepcionado entró en la casa. Había anochecido ya y era hora de acostarse.
Ya estaba en la cama, cuando mariposas y más mariposas empezaron a llegar como con cuentagotas; el anciano se levantó alborotado, porque realmente no sabía quiénes le visitaban a aquellas horas.
Intentó salir por la puerta y ver lo qué ocurría, pero alguien había atorado la puerta desde fuera y no le era posible. Entonces, pensó en escapar por una ventana. Accedió a la más cercana, y entonces comprendió que no podría salir de la cabaña.
Toda ella, estaba recubierta por las Monarca y el abuelo tomó conciencia de que estaba preso allí dentro hasta que levaran el vuelo. Pasó de esta forma toda la noche, y cuando despertó, ellas seguían allí.
–¡Preciosas, dejadme salir, que nadie os va a hacer daño…! –exclamaba con los primeros rayos de sol.
–Esto empieza a no ser un juego, Monarcas –decía cuando se aburría.
–¿Por qué no os morís ya, gusanos infectos? –preguntaba intolerante ya, cuando empezó a escasearle la comida.
Y no tardaron mucho en hacerlo. A las dos semanas las mariposas empezaron a caer, y el hombre salió casi sin fuerzas de la cabaña, en medio de un manto dorado y gualdo, sin entender nada de lo que había pasado.
Sólo los habitantes de cabañas contiguas sabían los motivos por los que ahora era un chiflado que cazaba mariposas. De noche y de día, él no pensaba en otra cosa, sólo en atraparlas una a una…
El loco continuamente estaba mirando hacia los troncos cortados, hacia los maderos raídos, hacia todas las luces de la casa en busca de alguna Monarca que volviera a visitar los lugares que tanto les gustaban en otras épocas. Portaba el cazamariposas con toda la maestría que sus años y sus huesos le dejaban tener, como si de una raqueta de tenis se tratase y, aunque hasta el momento el viento y el aire eran lo único que apresaba, seguía agitando la manga una y otra vez.
Lo que una noche cazó fue una polilla. Estuvo observándola durante toda la madrugada con curiosidad, cómo se movía, cómo se articulaba… Hasta la mañana siguiente, porque se durmió mucho antes de que la alada se fuera.
El invierno llegó y fue el que le confirmó que no habría más capturas… El viejo rió, porque tiempo era precisamente lo que le sobraba para esperarlas.
Con unas planchas de madera y papel vegetal, se había fabricado un muestrario, que ya lo quisiera para él cualquier aficionado a estas particulares batidas, y allí tenía planeado insertar a las mariposas que cayeran en su red.
Después, atravesaría a todas sus capturas con un alfiler y las expondría como si hubiera sido su sino en esta vida y así pudiera sentirse orgulloso de haberse vengado de las Monarcas que una vez invadieron su casa.
Sin embargo, el expositor donde debía fijar las mariposas, estaba completamente vacío y de esta manera iba a continuar; el hombre nunca hubiera podido banderillear a las Monarca, no podría ni intentarlo sin sentir que le punzaban el corazón. No volvieron a pasar por su cabaña; quizá habían comentado entre ellas lo furioso que se puso aquella noche que, asustadas porque se encontraron anteriormente con unas glotonas y amenazantes avispas, habían buscado calor y acogida, hallando en su lugar gritos y exabruptos aguerridos.
Así es como ellas, lamentaban profundamente que su antiguo casero hubiera dejado de tratarlas como casi divinidades celestiales… Y él, llora por los rincones, porque al no acompañarle ya las coloridas mariposas, no encuentra el matiz y la viveza en su entristecida existencia.
Entre el sueño y la vigilia

Idilio en el mar, Joaquín Sorolla, óleo sobre lienzo
Ay,del mar, el mar sin cesar empezando
P. VALERY
Dicen que cada siete segundos pasa desapercibo un milagro
J. C. MESTRE
Tras el sueño de la noche
afanoso en búsquedas de un lugar
he nadado en el océano con ímpetu,
llegando a playas de árboles frondosos
a playas desérticas de arena amarilla,
he llegado a montañas extrañas,
a lugares en los que no me deseaba detener
buscaba un sitio para quedarme
y he vuelto una y otra vez al mar como camino.
Aun no ha amanecido y ante un café bien cargado
me mezco entre el sueño y la vigilia.
Lo onírico ha sido real
como real es ahora una ventana con vistas a la calle.
en que la noche y el día no se han separado aún,
la farolas encendidas de la ciudad dicen que acaba la de noche
la claridad que anuncia el cielo dice que empieza el día.
Un día nuevo en el que late el devenir continuo de la vida
y como el mar, sin cesar empezando
me preparo para lo nuevo ya conocido,
para lo nuevo desconocido
para descubrir el milagro que cada siete segundos sucede.
Un día que enmarco con una estrella de cinco puntas
en el calendario de los 360 días alrededor del sol.
Hoy, un día único para amar.
CRISTINA PUMAR
Febrero 2009
Turno de oficio

Hace más de veinte años que los recibo en mi bufete frente al parque Grant. Durante este tiempo he atendido a cualquier tipo al que le hayan sobrado algunos problemas y muchos dólares. Aprendí a trabajar en los asuntos más sórdidos sin involucrarme, como el que come sin mancharse la lengua. Los casos me fueron dando amigos y reputación, pero he de reconocer que la fama me llegó en 1931, la mañana que Chicago se despertó con el procesamiento de Al Capone y Fran Nitti por evasión de impuestos. Capone nunca se tomó aquello en serio, decía que era como si a sus chicos, después de vaciar el cargador en el cuerpo de algún tipo, les quisieran juzgar por contaminación acústica. Pero Frank Nitti era mucho más prudente y quiso cubrirse las espaldas. La primera vez que vino a mi despacho me dijo: muchacho, quiero que seas mi abogado. Trabaja duro para mí y podrás labrarte un pasado muy digno. De tu futuro lo único que tiene que preocuparte es como conjugarlo con tu pasado.
Un año después Frank Nitti estaba en la calle y Capone con una condena de once años. Pero aunque Frank me puso bajo su protección, nunca quise dejar de lado a esos tipos que viven en la cornisa de la ley y que durante mucho tiempo fueron mi labor. Diablos, me gustaban esos turbios casos que siempre me sorprendían, como el de aquella mujer Talia Potter. Tuve que ir a la cárcel a visitarla por indicación de Nitti, que la había conocido tiempo atrás en un burdel de la calle Dearborn Sur. Le había disparado un tiro a un tipo, solo uno. Mientras dormía, poniendo el cañón de la pistola en la frente y después de haberle dormido con barbitúricos. En el registro de su casa la policía había encontrado un billete de avión a Canadá. La muchacha apenas tenía veinte años y el aspecto de una niña. Me dijo que quería alegar legítima defensa. Lo ves difícil, cariño, me preguntó. Al ver su aspecto tan delicado y frágil intenté explicarle la situación endulzándola en lo posible pero la chica estaba vacunada contra engaños. Me dijo encanto, hace más de cinco años que cada mañana al despertar noto resbalar por el interior de mis muslos la humedad viscosa de los piropos de la noche anterior. No te andes con remilgos. Tus palabras no pueden contagiarme nada que no haya cogido ya.
Y, entre todos, siempre recordaré el caso de Jim Colosimo. Desde el principio me sentí cercano a aquel tipo acusado de mantener una red de extorsionadores en todo Chicago. La mañana que vino a mi despacho a exponerme su caso me ganó para su causa, era cautivador. Me contó la historia de su vida. Muchacho, mi infancia fue muy complicada. A duras penas mi padre conseguía ganar lo suficiente para repartir el hambre entre todos. Dios santo, éramos tan pobres que en la ocasión que unos ladrones se colaron en casa, se marcharon diez minutos más tarde dejándonos un billete de cincuenta dólares encima de la mesa.
Mientras aquel tipo me contaba su historia yo le observaba: elegante, educado, agradable. Dudaba que un tipo así tuviera enemigos. Maldita sea, incluso me parecía molesto que nadie quisiera encarcelarle. Me equivoqué. Unas semanas más tarde lo encontraron muerto en su casa. Pero Jim Colosimo fue un tipo con estilo hasta en su muerte. Cuando me interesé por el suceso un amigo policía me explicó, un cadáver con un aspecto estupendo, como recién estrenado. Parecía como si aquel tipo se hubiera puesto su mejor traje para dormir. ¿Sabes?, su aspecto era tan imponente que parecía que los nueve tiros se los había pegado su sastre.
lunes 9 de marzo de 2009
crónica de FNAC Bcn con el LOCO y Carlos Zanón
desde el agua en ZGZ

jueves 5 de marzo de 2009
DONART Gandía, 2009
domingo 1 de marzo de 2009
Presentación "desde el agua" en BCN

Lectura "Pájaros de granito/Primera palabra"

Miércoles, 4 de MARZO de 2009:
Lectura de Alberto Cubero y Pablo Martín Coble en la tertulia Voces y Poetas coordinada por Manuela Temporelli. A las 20´00 horas en ANGELIKA CINEMA LOUNGE, C/ Cava Baja, 24, MADRID. www.angelika.es. ENTRADA GRATUITA.
viernes 13 de febrero de 2009
Lectura Laura Gómez Palma

18 de FEBRERO:
MÚSICA Y POESÍA: Lectura de Laura Gómez Palma junto a María Eva Albistur y Lorena Mayol a las 20 horas en la CENTRO DE ARTE MODERNO , C/ Galileo, 52, MADRID. 91 429 83 63. Proyecciones a cargo de Steffie Phlippen. ENTRADA LIBRE.
martes 10 de febrero de 2009
PAR COEUR

Al suele presentarse en casa sin avisar, se sienta a mi lado y me susurra al oído que enterremos el cadáver aún tibio de un suceso reciente, para luego exhumar los restos de recuerdos lejanos. No hay espacio suficiente, me dice. Al no lo nota, pero a veces reparo en que algunos de esos recuerdos están raídos de tanto usarlos. Otros son frágiles y borrosos, y nos divierte reinventarlos con cada visita; desde hace algún tiempo sé incluso que los recuerdos más débiles son sólo deseos y no experiencias vividas. Nunca se lo he dicho a Al.
Ayer volvimos a Chicago. Korova, 28 de agosto del 59, 30 aniversario de Peter Cost. Aquella noche el jazz sonaba a cancán y Dave Mannilow, el dueño del club, sofocaba el fuego de los cigarrillos por miedo a que el aliento de los clientes provocara un incendio. A última hora el barman sólo servía whiskey sin alcohol y las mujeres amaban en pasado de subjuntivo. A la mañana siguiente yo había cumplido cuatro años más y tuve que bañar los cereales en náuseas.
Cost sabía como celebrar una fiesta. Más allá de su voluptuosa generosidad de comunista, era un manual de ética que supo cabalgar la vida a horcajadas, seguro de que la vida concedía oportunidades y saldos de última hora. El tiempo es carcoma, Jake, y nunca he visto un vendedor de bolsas de tiempo perdido. Guardaba en su bolsillo, siempre a mano, lo que no se debe hacer, y aquello le convirtió en el blanco preferido de los traficantes de la virtud; esa clase de tipos que necesitaban una pena para caminar y que para causar una primera impresión necesitaban tres divorcios; hombres que salían de los clubs con tres copas de menos y cuyo diálogo no era más que un rumor. Cada vez que hablaban de Cost lo hacían como si estuvieran masticando un avispero.
Aquella noche me la sé de memoria. Como la tabla del siete y las capitales de estado. Como el olor de Rose al despertar y el sabor amargo de su adiós. Cicatrices en el cerebro y estigmas en las tripas. Fue Remy Prounier, antiguo camarero del Trianon Ballroom, quien me contó que los franceses tenían la forma perfecta para hablar de este tipo de recuerdos. Allí decimos ‘par coeur’, porque los recuerdos, muchacho, suelen arrancar desde las pasiones. Las opiniones de Prounier eran volátiles como las promesas de un niño, y nunca me fié de las impresiones de aquel remigaldo francés. En general nunca me fié de los tipos a los que llamar por su nombre me provocara una fractura de glotis, pero aquella vez quizá tuviera razón, ¿no crees Al?
Los tipos duros no escriben blogs – febrero de 2009
lunes 9 de febrero de 2009
¿QUÉ ES UN ACTO DE AMOR?


El sentimiento aparece una mañana de domingo y la pregunta se moja con las gotas de agua del primer día de otoño:
21 de septiembre de 2008, Madrid.
Se borrará la fecha, parará la lluvia, viajaremos a otras ciudades, pero la interrogación y el sentimiento permanecerán.
¿Cuánto tiempo ha de transcurrir para comprender qué es un acto de amor?
¿O acaso fue comprendido desde siempre? ¿Y sucede que ahora sólo flotamos en el olvido?
Sobre la mesa unas fotografías de dos cuadros de Chagall: El paseo y Por encima de la ciudad.
¿Es el vuelo de los amantes un acto de amor?
Hombre de tierra negro, mujer de aire violeta, ¿nos estáis invitando a bailar una danza eterna,
con mi lluvia azul regando tu tierra de asfalto y mi fuego alimentado por tu aire?
¿Cuánto tiempo ha de transcurrir para comprender qué es un acto de amor?
Esa diagonal mitad negra, mitad violeta; tu mano y mi mano
uniendo, en una perfecta matemática, la línea divisoria.
¿fue esto comprendido desde siempre? ¿O es sólo que ahora flotamos en el olvido?
En este momento atemporal:
Somos un único pájaro amante que vuela sobre una ciudad en la que ha parado de llover.
Somos meteoros de un universo completo.
Somos Eso que nos impulsa a elevarnos.
Cristina Pumar – 21/09/08
miércoles 4 de febrero de 2009
El barco varado

El encanto y el misterio del mar Cantábrico subsisten en la inolvidable adolescencia de Berta y en la de los demás amigos del grupo. Sus pasos habían recorrido y corrido, en incontables ocasiones, los tres kilómetros de arena fina y dorada que iban desde El Puntal al islote rocoso. Aquella era una playa casi siempre vacía, protegida por unas dunas en las que algún bañista solitario se tumbaba a tomar el sol. Sin embargo, a ellos les gustaba pasar el día y alguna noche en la playa, disfrutaban con aquellas olas titánicas contra las que luchaban como si fueran lobos de mar, con el viento impetuoso del oeste que siempre traía tormenta o con las gaviotas de pies rojizos y pico anaranjado que sobrevolaban sus cabezas en los crepúsculos del verano.
Aquella mañana del 15 de agosto, Berta bajó a la playa a la hora acostumbrada .La bruma era tan intensa que apenas veía, aunque intuyó por el sonido de las olas lejanas que la marea estaba muy baja; se tiró bocabajo sobre la toalla mirando hacia el mar invisible, cerró los ojos y sintió un cosquilleo en el estómago y un pálpito en el corazón ¡Qué día tan extraño! , pensó. Los otros fueron incorporándose y tumbándose en la arena con exclamaciones como ¡Hoy todos los barcos se han extraviado! ¡Poseidón está furioso! ¡Parece que se acerca el momento del juicio fina! ¡El sol ha muerto! Al cabo de unos minutos se quedaron envueltos en el eco de las palabras pronunciadas; Berta se incorporó despacio y se sentó sobre los talones. Y, al unísono con la bruma que iba levantando, ella caminó hasta el agua, anduvo en paralelo entre la tierra y el mar, sin permitir que las olas acabadas le rozaran los pies, esas olas que retornaban al mar convirtiéndose de nuevo en gigantes, en un eterno movimiento circular.
Al levantar la vista hacia el horizonte con los ojos entornados, su mirada se posó en algo que parecía balancearse a 200 metros de la orilla. ¿Era un barco varado que dejaba ver su costado de babor? Los tres silbidos de emergencia hicieron que en cinco minutos los siete amigos nadaran con brío hacia la embarcación. Fueron instantes atemporales de excitación contenida; recorrieron el barco de metal oxidado, distribuyéndose la inspección.
Era la primera vez que buceaban entre los restos de un naufragio. El costado de estribor estaba hundido en la arena con la proa en dirección a alta mar, como si el barco ya estuviera realizando la partida cuando la hélice debió quedar destrozada por la garra de la tierra, la cadena del ancla –que parecía un pendiente de plata brillando en el agua verdosa– estaba partida.
Era un barco menor de unos veinticuatro metros de eslora; la marea baja les facilitaba las inmersiones continuas. Los que fueron a las bodegas vieron unas cajas de madera: diez, quince en una primera hilera y muchas más esparcidas por el suelo; se leían perfectamente los números romanos escritos cada una de ellas, con una tinta aún no borrada: XXII, XVI, pero no podían abrirlas. Emergieron para tomar aire y a quince metros escucharon los gritos del resto del grupo que les indicaban que se acercaran, ya todos juntos se sumergieron hasta lo que podría ser el camarote del ¿capitán?, ¿del sobrecargo? -en los libros de aventuras marinas que habían leído, el resto de la tripulación siempre dormía en cubierta- y allí un hombre pelirrojo flotaba boca abajo, le dieron la vuelta, tenía los ojos abiertos, eran azules, barba también pelirroja, la nariz con una fractura, la boca abierta como si quisiera continuar respirando bajo el agua. La visión del ”capitán” ahogado les resultó estremecedora; aun así, volvieron a la bodega y consiguieron abrir alguna caja: estaban repletas de municiones y de armas, calibre veintidós y dieciséis.
Llegaron exhaustos a la orilla de la playa, se dejaron caer en la arena con las respiraciones entrecortadas. Berta, con los ojos cerrados, dijo en voz alta :
He visto por primera vez los restos de un naufragio.
He visto por primera vez a un hombre muerto en las profundidades del mar.
He visto por primera vez un barco varado, con la hélice rota y la cadena del ancla partida.
He sospechado que los contrabandistas de armas han huido volando por el mar.
Han dejado como prueba de la verdad:
Un barco hundido en la tierra
Cien cajas de armamento y municiones
Y el cuerpo sin vida de su capitán pelirrojo.
Enero 2009
martes 27 de enero de 2009
Premios Addison de Witt

Queridos amigos:
lunes 26 de enero de 2009
La trenza de la princesa

Hay quien lo llama poder de evasión. Tener esa facultad de leer una historia e ir cayendo poco a poco en su tela de araña: caer hasta que nos engatusa en una demencia quijotesca, que puede hacernos miserables o los reyes del mundo en una ráfaga de segundos. Esto es todo lo que un libro puede proyectar en nosotros sin cuestionarse nuestra condición, nuestra profesión, nuestra ineptitud, o nuestro sufrimiento.
Ella pensó que lo mejor era estar siempre enamorada, por los siglos de los siglos. Cuando el rechazo y la angustia fueran inevitables, su amor misterioso, el que su imaginación modelaba, la sacaría de cualquier fragua.
Le gustaba el color de sus mejillas que permanecían enrojecidas como si estuviera indeleblemente ruborizada por su belleza tan singular. Justo encima, sus ojos almendrados y ligeramente achinados se colocaban disciplinados, bajo sus lineales y prolongadas cejas.
A veces, soltaba sus largos tirabuzones negros, y la brisa los peinaba cuidadosa, como si fueran los de una diosa griega, como con temor de que algún mechón caprichoso quisiera ocultar su magnífico rostro.
Se decía que todas las noches lloraba amargamente mientras leía, pero que paradójicamente, nadie la había visto lamentarse. Y es que en el momento en el que alguien corría a la Biblioteca en busca de respuestas por los gimoteos oídos, encontraba la sala desierta; sólo, encima de la mesa… quizá un libro de Bécquer, unas poesías de Alfonsina Storni, relatos sobre amores imposibles, o papeles en blanco simplemente, empapados de lágrimas.
La llamaban “La dama triste”, pero jamás nadie la había visto, sólo la oían sollozar…
Nadie creía lo que contaba la gente que cuidaba la Biblioteca por la noche, hasta que la muchacha con nocturnidad también empezó a colarse en las bibliotecas de las casas. Sus llantos comenzaron a descolocar a los vecinos, y un poco asustados por que la chica pudiera entrar y pasearse por sus casas, pusieron rejas en las ventanas. Los infelices creían que ingresaba en sus hogares por ahí.
Fue entonces, cuando supe que era una princesa. Seguía deambulando a sus anchas por cualquier biblioteca, cogiendo cualquier libro de sus baldas, y sollozando cuanto quería… Hasta que aparecía alguien, y se eclipsara prodigiosamente.
Sólo alguien tan especial como una princesa podría andar con tanta libertad por su reino… Ni más, ni menos… Una princesa… Solamente, ella…
Por todo el pueblo iba creciendo la desesperación, menos en mi casa. A ninguno de la familia le gustaba la lectura, así que nos veíamos libres de que la fantasmagórica imagen femenina viniera a buscar literatura. No teníamos libros, salvo Las Páginas Amarillas, y algún manual sobre cómo preparar pato a la pequinesa. No era interesante para la dama, definitivamente.
Nuestra dama triste, siempre apocada al amor, estuvo una noche en la sacristía, y allí pudo ojear algo que jamás había leído: era la Biblia. En ella repasó la vida de Jesús, y al saber de las calamidades por las que pasó, se sintió tan ridícula que nunca volvió a llorar.
Esa misma noche cortó su larga trenza, y como ofrenda, se la brindó al Cristo de la Luz.
Por la mañana no reconocieron de quién podía ser el cabello hallado, pero desde entonces sabemos que esta figura noctámbulamente, visita la Iglesia, y busca la bendición de Dios.
martes 20 de enero de 2009
Presentación Pájaros de granito/Primera palabra

Vidas ordinarias

La muerte de un tipo como Nicky Gordon no fue diferente a la de muchos otros. Lo encontraron una mañana en su habitación tras la visita de un par de tipos con los que tuvo un intercambio de impresiones que dejó la dialéctica por el suelo, junto a una decena de casquillos. Y si su muerte era algo ordinario, no lo fue menos su vida: Nicky se crío en un ambiente en el que el sueño americano de cualquier muchacho pasaba por entrar en la banda de Frank Costello, el flamante capo de New York. Y así comenzó su carrera como casi todos los chavales al norte de Mulberry street, pasando recados o vigilando en las esquinas. Como muchos otros.
Nicky era un tipo tímido, que a duras penas disparaba un par de palabras que te dejaban la boca seca y el cerebro turbado. Lo conocí en los muelles de Brooklyn en la época en que los controlaba Albert Anastasia y no entraba trabajador ni mercancía fuera de su control. Nicky y yo nos ocupábamos de que nadie se pasara de listo. A veces él se animaba y me contaba alguna cosa de su infancia: Muchacho, era una época difícil. En casa únicamente sobraba hambre. Algunas noches, si queríamos cenar algo, teníamos que chupar las manchas de la camisa.
Nicky sabía hacer su trabajo. Se atenía a lo que le indicaban. Si tenía que amenazar a algún tipo o darle un escarmiento, lo ejecutaba pulcra y fríamente, sin adornos. Una de aquellas veces le acompañé y, al terminar, fuimos a tomar una copa a uno de esos bares en los que la única mano de pintura que habían dado en muchos años era para tapar el contorno de un cuerpo pintado en el suelo con tiza blanca. Allí, recibieron con afecto a Nicky porque los tipos sórdidos como él siempre dan ambiente, como el humo, la luz escasa o las mentiras. Al tercer whisky me dijo: sabes Pike, nunca he liquidado a ningún tipo que no oliera a muerto desde dos semanas antes. Lo único que hice fue encajar en su espalda las balas que otro tipo les había disparado días antes desde su oficina. Yo únicamente cumplí un encargo que, de no hacerlo yo, habría cumplido cualquier otro. Creo que como mucho un juez sólo me podría condenar por haberles hurtado unas cuantas horas de vida. ¡Maldita sea, muchacho!, estoy casi seguro que cuando les disparé algunos de esos tipos ya estaban fríos. Aquella noche le estuve observando y comprendí que afrontaba su trabajo con la resignación de un profesional. Y ojala todo el mundo lo hiciera con su misma integridad, el mismo decoro y algo de su decencia.
El funeral de Nicky tampoco fue diferente. Un ataúd de oficio, sin familia y un par de tipos resguardándose del frío. Hasta que por fin vi entrar algunas caras conocidas y me alegré de ver allí a algunos de los chicos. Porque, al fin y al cabo, todos sabíamos que una vida como la de Nicky bien podría ser la nuestra.
Pablo Albert & J. Felipe Alonso:
http://lostiposdurosnoescribenblogs.blogspot.com/
miércoles 14 de enero de 2009
Teatro y Literatura en el Ateneo de Madrid

Karlos Feral

POR DETRÁS TENTACIÓN, POR DELANTE ARREPENTIMIENTO
Me llamó la atención nada más cancelar el billete en el torno de la estación de metro. ¿Cómo no mirarla? Paseaba por el centro del hall de la estación bamboleando sus caderas con aire caribeño, acompasando cada meneo con un vaivén de su ondulada cabellera negro azabache. No pude verle el rostro aunque solamente su manera de andar hacía que cualquier hombre con sangre en las venas volviera la cabeza para admirarla. Era alta, elegante. No andaba, flotaba sobre las baldosas.
Los vaqueros ceñidísimos dejaban sólo adivinar el hilo diminuto de una prenda interior hecha para seducir. No sé qué me ocurrió pero en lugar de dirigirme a la línea cuatro según era mi costumbre, quedé como imantado por su sensualidad y decidí seguirla hacia el túnel de la línea tres hacia la cual ella se dirigía. Iba unos veinte metros por delante de mí. Era hora punta por lo que las estaciones estaban abarrotadas de viajeros que, en su mayoría se dirigían a sus casas después de otra extenuante jornada de trabajo. Me costó no perderla de vista porque a la vez que unos queríamos descender al andén, otros salían de un tren recién llegado a la estación y en el cruce se produjo un atasco en el cual la perdí de vista. No me resigné y después de unos cuantos empujones y pedir cien veces disculpas me precipité escaleras abajo con la suerte de llegar al andén justo cuando otro tren hacía su entrada en la estación. Allí estaba ella de nuevo, andando hacia el final del túnel dispuesta a subir en el penúltimo vagón. Ya no me daba tiempo a alcanzarla así que me colé como pude en el vagón de cabecera y me conjuré a ir cambiándome de vagón en cada estación hasta conseguir darle caza.
En la siguiente parada logré avanzar un par de vagones pero no fue nada fácil. Íbamos como sardinas en lata. De cualquier modo tuve la precaución de mirar en cada parada que no se me escabullera por cualquiera de las salidas. Todo en orden. No salió del penúltimo vagón. Ya casi había alcanzado mi objetivo cuando, al llegar a Callao, la veo salir por delante de mí hacia las escaleras del fondo que se dirigen a un nivel superior que enlaza con la línea cinco. Casi no me dejan salir en pos de ella pero al final lo conseguí dejando que las puertas atrapasen el faldón de mi abrigo, el cual sólo pude liberar de un tirón en el que rasgué las costuras de parte del forro.
Todo merecería la pena si lograba presentarme ante ella. Desde esos pocos minutos en que la vi supe que debía ser mía, así que un abrigo más o menos era poco precio para la recompensa que supondría perderme en sus ampulosas caderas o acariciar sus sedosos bucles. Otra vez la tenía a la vista al final de las escaleras mecánicas. Comencé a subir deprisa ,detrás de un par de muchachas con pinta de estudiantes que parecía que llegaban tarde a casa y que abrían hueco por la parte izquierda de las escaleras. Al llegar al descansillo de arriba volví a perderla de vista con la fatalidad de que la línea me ofrecía la opción de dirigirme hacia la Alameda de Osuna o bien hacia Casa de Campo. La decisión debía ser tomada en una fracción de segundo. El ruido de un tren sonaba en la lejanía de uno de los túneles y yo no sabía que dirección había tomado. Las probabilidades eran de un cincuenta- cincuenta así que opté por tirarme escaleras abajo en dirección Casa de Campo cuando justo en ese momento el tren efectuaba su entrada en la estación. El andén rebosaba gente. Cientos de melenas morenas plagaban el andén y yo no localizaba la mía. Empecé a pensar si no había escogido la dirección equivocada cuando, de repente, su signo distintivo llamó de nuevo mi atención en mitad del tumulto. Su manera de andar hacía que la masa de gente abriera hueco como la proa de un barco abre un surco en la superficie cristalina de un lago. Los hombres se apartaban para admirar sus andares y las mujeres miraban de soslayo con envidia su manera de cimbrearse, más cercana a una pantera que a un ser humano.
Casi por los pelos pude subirme al mismo convoy que ella. Ya empezaba a estar cansado de tanta carrera y pensé que me vendría bien sentarme. Un asiento acababa de quedar vacío y yo casi no tenía resuello, pero mi conciencia me decía que, si me sentaba, ella podría bajar en cualquier estación sin que yo me percatara y todos mis esfuerzos habrían resultado inútiles.
Mirando a través de las puertas que hay entre los vagones vi que se encontraba mirando su teléfono móvil de espaldas a mí un par de vagones más atrás. Conservé mi puesto de observación aún a costa de algún que otro codazo y un par de recriminaciones de unas ancianas que venían cansadísimas de la peluquería y de tomar café en el Corte Inglés, las cuales no pararon de quejarse desde el mismo momento en que se subieron al vagón de que ninguno de esos jóvenes fortachones que venían de jornadas de doce horas de trabajo, habían tenido a bien cederles un asiento y a las que tuve que empujar ligeramente para tener una mejor visión de esa tentación hecha mujer. ¡Cómo está la juventud de ahora! ¡Qué vergüenza!
¿Qué me estaba pasando? Yo nunca había hecho nada semejante. Ni siquiera de adolescente, cuando todas las hormonas y las pasiones formaban un cocktail que nos hacía cometer las más disparatadas locuras. También es verdad que no le hacía daño a nadie. Al fin y al cabo mi última relación sentimental databa casi del Pleistoceno Medio y nadie me esperaba en casa para pedirme cuentas de mis actos. Quizá atropellar a unas ancianitas con abrigo de piel fuera lo más parecido a atropellar un ciervo en versión urbana, no me enorgullezco de ello, pero no creo que un guardia del metro me multara cual agente del SEPRONA por amenazar un par de especies protegidas así que me tragué los insultos de tres o cuatro viajeros con vocación de Robin Hood de la ancianidad y un pisotón de la más arpía de las viejitas y conservé mi observatorio con la mayor dignidad posible. En la guerra y en el amor todo vale, amigos míos.
Durante el trayecto yo imaginaba qué le diría cuando por fin lograra alcanzarla. Ópera, La Latina... Quizá algún día pudiéramos ir juntos a ver un concierto o a comprar elepés al rastro. Iríamos cogidos de la mano como dos enamorados cualesquiera, riendo y tomándonos unas cañas en el bar de los caracoles. Puerta de Toledo, Acacias... Sigo sin saber qué decirle, cómo entablar conversación. Yo no querría que pensara que era un aprovechado o un loco. Un psicópata de esos que siguen a las mujeres para luego matarlas en un callejón oscuro. Pirámides, Marqués de Vadillo... El metro se había vaciado bastante a estas alturas. Ahora la puedo ver con toda nitidez. Sigue de espaldas a mí. Ha sacado del bolso uno de esos periódicos gratuitos que reparten a la entrada del metro. Además le gusta leer. Como a mí. Es perfecto. Si es que somos dos almas gemelas. Es guapa, o eso intuyo, inteligente, ¿Qué más puedo pedir? Urgel, Oporto... ya sé. Puedo hacerme el encontradizo. Así como por casualidad tropezar con ella y, después de un par de frases banales, tocar temas más profundos y hacer que se interese por mí. Quizá sea demasiado obvio. Vista Alegre, Carabanchel... Me empezaba a poder la ansiedad de no encontrar una manera suficientemente hábil de lograr su interés por mí. Quizá lo mejor sería dejar correr el asunto. No. No ahora que he llegado hasta aquí. Lo mejor sería ser yo mismo. O mejor no. Últimamente no me gusto mucho a mí mismo.
Eugenia de Montijo, Aluche... Otra vez vuelve a llenarse de gente. La pierdo momentáneamente de vista. ¿No se habrá bajado? No. Se había sentado y por eso no la veía. Ahora puedo apreciar su bota. Ha cruzado las piernas. ¡Qué piernas tan bien torneadas! Noto cómo una ola de deseo sube hasta mis mejillas desde partes más profundas y en parte me siento avergonzado. Miro a mi alrededor por si alguien ha notado mi azoramiento pero la gente sigue indiferente a sus propios quehaceres y pensamientos sin reparar en lo que a mí me ocurra o me deje de pasar por la imaginación. A veces conviene vivir en medio de la deshumanización. Cada uno a lo suyo, sí señor y si te pasa algo en medio de tanta gente te jodes y te mueres solo o delante del Summa 112 que para eso se les paga, coño.
Empalme (la estación, no mi estado de ánimo), Campamento... Ahora vuelve a ponerse de pie. Le ha cedido el sitio a una embarazada. A lo mejor sabe lo que es ser madre y por eso se solidariza. No creo. Con ese cuerpazo no es posible que haya tenido hijos. Tampoco es algo que me importara mucho. ¿Y si está casada? Es una posibilidad que no había contemplado hasta ahora. No creo. Intento fijar la vista en sus manos y no parece que lleve ningún anillo. Me llama la atención el tamaño de sus manos. Parecen grandes y fuertes. Seguramente han trabajado duramente para ganarse la vida.
Casa de Campo. Era la última estación. Ya no había lugar para echarse atrás. Ya había pasado lo peor y aún todo estaba por pasar y todavía no había decidido cómo abordar el asunto de darme a conocer. Decidí improvisar. Todos los viajeros desalojamos poco a poco los vagones. Ella dobló el periódico y lo puso debajo del brazo. Salió por delante de mí hacia las escaleras mecánicas mientras buscaba no se qué en su bolso. Yo me aproximaba más y más. Tanto que podía oler su perfume. Era uno de esos que tienden un dedo invisible hacia ti que te hace un gesto para que no puedas dejar de perseguirla. Accedió a las escaleras mecánicas apenas un par de escalones delante de donde yo estaba y apoyó descuidadamente su brazo en el posamanos mientras las escaleras ascendían lentamente hacia el vestíbulo. Cuando ambos nos encontramos en la plataforma nos dirigimos hacia la salida. En ese momento, el ángel de mi buena suerte debió pensar que me debía algo porque el periódico que ella llevaba bajo el brazo se deslizó hasta caer al suelo. Yo vi mi oportunidad enseguida así que sin dudarlo lo recogí con presteza y, con la mejor de mis sonrisas, se lo ofrecí mientras lo doblaba cuidadosamente. En ese momento ella se volvió y por primera vez pude ver claramente su rostro. Me sonrió a su vez desde una boca grande, enmarcada en una cara de prominente mentón. Demasiado para un rostro delicado. Una sombra de barba bien afeitada pero no disimulada del todo rodeaba unos labios carnosos, inflados con bótox. Sus pechos no podría decir con qué habían sido aumentados de tamaño pero creo que, por documentales de ciencia vistos en la segunda cadena en mis horas de siesta dominical, habían sufrido una combinación de cirugía y tratamiento hormonal.
El nacimiento del pelo no podía ocultar unas incipientes entradas y aunque sus ojos almendrados se encontraron con los míos yo no pude mirarlos de frente, aunque he de reconocer que tenía una mirada hemosa. Los míos se iban sin quererlo a calibrar el tamaño de la nuez que subía y bajaba como un ascensor en ese cuello fuerte que se tensó mientras mi otrora amada pronunciaba con una ronca voz las palabras: “Gracias, guapo”.
La mejor de mis sonrisas de conquistador se tornó en un agrio gesto al comprobar cómo mis sueños se habían esfumado en un segundo. ¡Qué digo en un segundo! En lo que dura un “Gracias, guapo”. Se acabaron los paseos cogiditos de la mano como dos eternos enamorados, ya no compraremos elepés en el rastro y adiós a presentársela a mis padres. Ni hablamos ya de tener hijos.
Intenté no parecer maleducado ni tampoco pillado en falta pero la sorpresa debía de poder leerse en mi cara a más de cien metros de distancia. Articulé, sin que el color hubiera vuelto aún a mis mejillas, un tembloroso y políticamente correcto: “De nada” y dando media vuelta volví a bajar las escaleras al andén que me alejarían para siempre de aquella, que riendo sonoramente detrás de mí, seguramente debido a mi cara y a mis ademanes de idiota, de espaldas fue tentación y de frente arrepentimiento.
KARLOS FERAL
Madrid, enero de 2009
Halcones sin plumas, de Raquel Zarazaga
HALCONES SIN PLUMAS
(Los niños de la Intifada)
Hay cazadores y leones
bajo la apariencia de muchachas delicadas.
Se arrastran luchando
y son hijos de la carnaza de la guerra.
Casidas del amor místico
IBN ARABÍ
No tenemos nada.
Sólo sangre.
Sólo carne.
Sólo piedras.
Esta vida y la otra.
Los hijos de la familia del arado,
los nietos de la viña y las palmeras,
camaradas del sol,
no abandonan las ruinas.
Sobre la corteza de un olivo
quisieran grabar sus secretos
pero el retablo de su drama no encuentra
más que casas dinamitadas,
hombres en las prisiones,
tumbas…
Crecen deshojando las flores
en las que resucitan
los que murieron en su tierra.
Las palabras de los poetas
no protegen de la metralla,
escuecen en las heridas.
Palestinos sus ropajes,
los ojos tatuados de penas,
con el aliento contenido,
los niños sin canciones quisieran escapar
al asedio de su desgracia.
Pero saben que son guardianes
del alma de la miel,
de la higuera y del olivo
y cada noche juran
que no volverán a llorar.
Les devuelven las casas
piedra a piedra
a quienes se las derrumban.
Entre la desnutrición y la ira,
sueñan oscuro.
Ya no sabemos
dibujar golondrinas
pero no se secará nuestra voz.
De su libro inédito "EL GRANO DE TRIGO"
Escribiré un poema, de Susana Tuegols
Escribiré un poema insolente, dudoso
donde muestre antifaces sellados, inconclusos
y un bochorno en el alma que aminora su vuelo.
Escribiré pasiva, sin pensar en el alba,
nuevo día en la tierra que atestigua tu huida.
Escribiré un poema con mis dedos volátiles
por tantas mariposas que encarnaron en tintas
y en fulgores rosados acabaré diciendo
que eres tú mi poeta, el que sangra mi herida.
No aceleres, que muero,
no te escondas, que expiro
Gigante a carcajadas…
Poemas de Álvaro Arroyo
El anochecer
Ni este mundo ni yo tenemos ya remedio
pero caeré diciendo que era buena la vida.
(Félix Grande)
Estuve un rato mirando la luz
y el tiempo, escuchando
una música pasada de moda.
Mientras cerraba los ojos
unos segundos pensando.
La soledad invadía el cuarto,
cortada por alguna voz
de la calle. Estaba
tumbado e inerte
sobre el tresillo del salón.
En el cielo una estrella
se afianzaba sobre
la oscuridad limpia.
La luz artificial se colaba
por la ventana con la calma
de un anochecer.
Dedicado a un cuco
¿Qué pedís, que no escriba o que no viva?
Haced vos con mi pecho que no sienta
que yo haré con mi pluma que no escriba
(Lope de Vega)
El querido cuco ha volado.
Su pensamiento te persigue,
la soledad aumenta.
Echa de menos el té
de algunas tardes.
La estrella le ha abandonado
varios días, varias tardes, una noche.
Se siente la lejanía
en el solitario corazón.
Es algo especial
para su alma extraviada.
Arrastra la melancolía
entre el pecho y la espalda.
Desvía la angustia, muele la rabia
el cuco amable y bondadoso.
El cuco volando
Dedicado a un cuco especial
El amor me viene rondando
desde ayer hasta hoy.
El pájaro amante da vueltas
en mi cabeza, se aleja
y se acerca silencioso.
Me ha llegado el afecto
de mujer con su olor limpio
y extraño...
El amor es todo y nada.
¡Que no me falte el cariño
en esta vida que es nada!
Hambre de primavera,
hambre de la brisa
y el viento que tiene mi amante...
Sueño con el cielo y los árboles
los prados y las vacas....
Pienso en los trigos y las amapolas
y después siempre el cuco cantando.
El afecto
I
Te quiero porque te quiero.
Aunque diga: te quiero
y no sé por qué...
La luz ilumina los ojos,
los labios y la piel.
La claridad entra gozosa
en mi ventana al alba
silenciosa. El olor a nuevo
día inunda la sala
y la piel desnuda.
La tertulia placentera
de anoche se ha diluido
en la oscuridad cálida
en el sueño mezquino
que rápido se desplaza.
Me llegó ayer el cariño.
Digo sí a tu amor...
Mi amor es cierto...
La luz que se refleja en la cara
va directa a mi alma..
Al alma dañada.
II
He visto una cara delgada,
ojos oscuros y trasparentes,
labios de tentación y piel clara.
He visto unos muslos
y piernas privilegiadas.
Un cuerpo de formas sublimes,
un rostro lozano.
He visto la belleza de mujer
reflejada en mi alma.
ÁLVARO ARROYO
miércoles 31 de diciembre de 2008
Jorge Rodríguez Lagos

Nota del Editor:
SUEÑOS
Honduras C. A.
Estás parada
Al frente de la madera de tu casa…
Sé que en las noches
De invierno
El insomnio
Es un cruel pez
Que te sangra
Viejas heridas pero
Quien nunca ha sentido gotear
El techo de su casa
No podrá entender
El por qué
Después de la tormenta
Te secas tu blanca cabellera
O el por qué
Llenas el tendal
De ropa mojada
Quien ¡nunca!
Correr el agua
Hasta por debajo de la cama
Ha sentido
No podrá entender
El lodo
Que te hace zapatos
Tu artritis
Tus lamentos a media noche
O tus naranjas peladas
Quien ¡nunca!
Ha pasado hambre
No podrá entender
El por qué
Estás delgada
Y quien ¡nunca!
Ha tenido sueños
No podrá entender
El por qué de la pintura
En tus manos
* * *
MADRE SOLTERA
Honduras C. A.
Como antecedente diré:
Que te conozco
Que eres madre soltera
Que has pintado
De abrazos
Para no sentirte sola
Las paredes
Que en las cicatrices
Guardas un invasivo
Y no deseado recuerdo
Que tienes cinco hijos
De distinta cara
A los que quisieras ver
En una escuela
Fuente nutricia
Que rompe la ignorancia
Que vives
A la orilla de un crique
Hasta la cintura
De necesidades
Enterrada
Que tus vecinos
Sin tener manos
Te ensucian
Y te llaman puuuuta
Y muchas otras cosas
Sin comprenderte…
Que desde los cartones que habitas
Miras con la tristeza en una lágrima
Los altos muros
Las casas bonitas
Que no conoces la sonrisa
Mucho menos
Las tibias alas de la felicidad
Y que cada mañana
Despiertas
Esperando
A que con el nuevo sol
Lleguen
Buenas noticias
viernes 19 de diciembre de 2008
jueves 18 de diciembre de 2008
la condena
La habitación oscura
El armario abierto y desordenado
Sucio el suelo
Polvo en los muebles
Vacío el pensamiento
¿Quién te podrá ayudar, miserable?
La mesa desvencijada
El taburete cojo
La caldera sin llama
Con grasa la vitrocerámica
El frigorífico sin fruta
¿Quién te ayudará, desgraciado?
¡Dejadme en paz!
no se iba a preocupar ahora por eso
Domingos amaneció ese día y, como solía ser habitual en el poblado angoleño, no tenía nada que llevarse a la boca. No se iba a preocupar ahora por eso; los cuerpecillos de sus cuatro hermanos menores, dejaban entrever graves amputaciones, que corrían el riesgo de infectarse trayendo la muerte y el disgusto a ese hogar pobre y desdichado.
Su padre había muerto en Luanda en un tiroteo entre el partido gubernamental y el movimiento rebelde; y todavía no lo habían superado, cuando hacía dos días había fallecido la madre, afectada de SIDA.
Así fue cómo Domingos se hizo mayor de golpe y había aprendido todo sobre el negocio de los diamantes a sus once años de edad. Rezaba por no ser detenido, aunque… No se iba a preocupar ahora por eso.
Está empezando a llover y esto les asusta, sobre todo porque hacía unos meses fue la lluvia la que destruyó miles de hectáreas de tierra en el lugar. La situación alimentaria del país era muy pesimista, ya que habían subido los precios de los cereales más básicos y la bajada de la producción agrícola era apabullante.
Los diamantes que tanto le costaba conseguir financiaban que siguieran combatiendo las facciones rebeldes, pero lo que realmente importaba a Domingos era que él y sus hermanos se mantuvieran y podrían comer. Tenía que llevar hoy unos cuantos diamantes a un comerciante de la zona, para que los introdujera en el mercado, y ya nunca se supiera si eran lícitos o no, una vez pulidos y afinados.
El dilema de Domingos crecía. Si seguía jugándose la vida y recogiendo los preciados minerales, ayudaba a que los rebeldes siguieran armándose y ampliaba el conflicto; y si no lo hacía su familia que dependía de él totalmente, desfallecería y moriría en las más pésimas condiciones.
último tren

Trece años, dos horas y cuarenta seis minutos
Se acerca sigilosamente como diablo de metal
Sorprende la gracia con que mueve las alas
El pájaro del tiempo en la estación de la vida
Se acerca y lo hace despacio
Entre las horas, el tiempo amanece el espanto.
Despacio calculo el espacio,
Mi tiempo vital lo miden las millas
Donde atraviesa las horas los minutos
El gigante que mide mi tiempo
Y teje mi vida como si fuese un sastre
Donde el abecedario patina despacio
Todos esperamos un desfase un desenlace
Un cambio que invente en nuestras vidas,
Una nueva frase.
En el andén la cuarta vía me lleva
A una nueva vida,
Son los hechos de mi vida
De los que yo escapo maltrecho
Un techo entre cortinas
Mi seguridad entre las manos
Del guardagujas
Es mi futuro lo que prima
¿A dónde me dirijo?
¿A dónde voy?
¿Hacia dónde va mi vida?
Al fin llegará el día
Que de entre las vías
Saque una nueva
Una mejor vida
No voy a ninguna parte
Voy directo a China
Qué me importa
Si voy hacia una nueva
Vida
El tiempo consume mi espacio
Los rieles espacian mi vida
Es el traqueteo de un tren TALGO
El que me indica la salida
No pude saber
No conozco
Hacia donde voy
Hacia donde van las vías
Siempre escuche
que no siempre
Montarte en el tren significa ir a China
Yo pensé que como mucho
a la conchinchina.
hay lugares diferentes,
hay puentes ríos,
aldeas, yo sólo supe,
seguir la vereda,
sin rendir cuenta,
a mi razón, a mi mente,
sólo a mi corazón.
hay un lugar en la vida,
donde lo que te transporta,
es en gran medida,
un medio de vida,
ignore la melancolía,
acuciante en el viaje.
llenos de personajes,
pasajeros en el viaje,
que en un golpe certero,
quizás me lleven a alguna parte.
una explosión de vida en mi sangre,
cada vez que pasábamos por algún pasaje,
una prueba de vida en mi último viaje,
donde llevan las palabras que no suenan,
los trenes que se dirigen hacia ninguna parte,
a algún destino quizás cansino,
quizás emocionante.
en el camino hay amigos que no se pueden olvidar,
es tu billete deprisa lo que te hace razonar,
porque ¿qué pone?, ¿qué dice?
¿dónde voy?¿ a que lugar?
voy donde las palabras suenen a algo más.
sigue ese traqueteo,
sigue y contento espero,
que en mi último viaje,
no tenga que enseñar mi equipaje,
llevo en él los temores,
de una vida.
la dulzura de ser niño,
en una parte de la vida,
el anhelo de ser hombre,
y por último la realidad,
de ser un triste viejo,
que como de niño,
sigue usando pañales.
En los viajes de mi vida
quise ser, quise algo más,
quise avanzar,
sin embargo esta vez,
quiero ver el final,
vivir mi tiempo,
en el lugar donde termine la vía,
y nunca mirar atrás.
Nunca supe de cuentas,
Ni de derechos reales,
Ni de sentimientos,
ni bagajes culturales.
Sin embargo quise soñar un día,
Con pasar mejor mi vida,
Quise dirigir mi empeño,
Quizás hacia otra vida.
Lo que siempre supe de pequeño,
Es que viajar me gustaba,
Y de mayor quise cumplir mi sueño,
Me llevara a donde me llevara.
martes 16 de diciembre de 2008
convocatoria premios "la lectora impaciente"
LA LECTORA IMPACIENTE, convoca el VII Certamen Internacional de Poesía, el VI Certamen Internacional de Relato Breve y el II Certamen Internacional de Fotografía Digital.
El primer premio está dotado de una obra de arte y un fin de semana para dos personas en un hotel rural para el mejor poema o grupo de poemas, el mejor relato y la mejor fotografía digital.
Las obras tendrán libertad de tema y forma, con una extensión mínima de 40 versos y máxima de 75 en poesía, de 2 a 4 folios en relato breve, en archivo word sin firma acompañado de otro archivo con los datos personales y para fotografía en formato jpg según bases. Podrán presentarse hasta dos obras. Los trabajos deben ser enviados por correo electrónico desde el jueves 1 de enero al domingo 1 de marzo de 2009.
Podrán concurrir escritores, de cualquier nacionalidad, siempre que presenten sus trabajos en castellano, sean originales, inéditos, no premiados y no hayan sido presentados a otro certamen vigente en las mismas fechas. Aquellos trabajos que no cumplan todos los requisitos serán eliminados automáticamente. El fallo se dará a conocer antes del 1 de junio a través de la web “La lectora impaciente”, la prensa y radio. El autor galardonado será avisado, con la debida antelación, para participar en la entrega de los premios en el mes de septiembre o enviar alguien en su representación.
Para más información www.lalectoraimpaciente.com
domingo 14 de diciembre de 2008
nueva lectura
Os invitamos a la lectura de Laura Gómez Palma que inaugura la tertulia Voces y poetas, organizada por Manuela Temporelli. Será el miércoles 17 a las 20 horas en Angelika Cinema Lounge, C/ Cava Baja, 24, MADRID. Allí nos veremos.








