LLUEVE DESDE DENTRO DE LOS CIPRESES
El bosque se arrastra
en un parto bastardo de edificios,
empuja la piel de las carreteras,
de los caminos tristes, y germina
el musgo en mi boca,
en mi hueco de nada.
Cuando las bombas de mano
estallan como cabezas,
nace en la arcana cueva
la diferencia
entre tontería y maldad.
Llueve desde dentro de los cipreses
cuando los espejos me repiten
que nuestra carne se va,
mientras los pájaros arden
en la comisura de los labios.
Las piedras pesan sobre el silencio
cuando los muertos no están tranquilos,
allí donde las vísceras ya no palpitan,
y las casas heridas tuvieron
un mal nacimiento.
El pene, en su carencia,
es lámpara de agua
que fornica los sueños
con la ferocidad de la putrefacción.
El aire cae como la roca,
devora al insecto, hiere
el estómago de los niños
que ciertos días viven frente
a los enjambres.
La fruta llueve sobre los coágulos
y la baba late en el árbol,
la locura sin sangre vive en la lengua,
y en los gusanos.
El ratón pierde lo que gana el búho.


1 comentarios:
Con el ya característico tono oscuro, meciendonos entre lo inevitable y su condena, este poema habla a gritos.
Marian
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