martes 21 de abril de 2009

Álvaro Sánchez Torres


LUCES Y SUEÑOS

Me gustan los neones. Siempre me han atraído, son….una luz en la noche, eso es. Una jodida luz en la noche, simbólico ¿no?. Por eso todos los alcohólicos acabamos en bares con neones que brillan en la oscuridad, es por eso, porque buscamos la luz, una luz que nos ilumine. Nuestras tenebrosas soledades, nuestros miedos y fracasos.
Y yo no soporto más mi oscuro futuro. Eso es. Una luz.

La luz de esta cafetería es blanca sin embargo, tubos fluorescentes creando una luminosidad casi celestial, que hace que la calle oscura y desierta de afuera, se vea a través de las ventanas como algo irreal.

No hay casi nadie, solo gente dispersa y callada. Me siento en la barra mirándote disimuladamente mientras atiendes a otro cliente.
Siempre haces este turno, no faltas nunca, yo tampoco.
No puedo, desde aquella maldita noche en que la deriva me trajo allí y te vi.

Siento como esa luz me desnuda poco a poco por dentro mientras te acercas a mi, como si no pudiese ocultar quien soy y me estremezco no solo por la bebida.
En realidad nos desnuda a los dos porque veo muy bien tu rostro mientras te acercas, tu expresión nerviosa y a la vez cansada, seguramente ves mi lamentable estado, pero me sonríes y yo puedo ver perfectamente la cara por la que moriría allí mismo, en ese instante, tu maquillaje agresivo y a la vez sencillo, tu vestido marcándote las líneas de un cuerpo que no puedes disimular, ni quieres.

Nos miramos.

–¿Café? –preguntas cuando en realidad es una afirmación.
El interrogante está en tu mirada, casi una provocación orgullosa.
–Si, gracias –consigo responder y te miro mientras te vas.

Me enciendo un cigarro y te miro mientras preparas el café, se me ocurre pensar que en realidad es nuestro momento más íntimo, lo más cercano a un sentimiento real que experimento aquella noche, aquel día. Mientras me lo sirves con una sonrisa, la de despedida, Te miro.

Fumando, respirando tu perfume cuando pasas cerca de mi para atender a otro cliente, pasa el tiempo, se me escurre entre los dedos, tu presencia. Termina tu turno de dos horas y te vas de mi eterna obscuridad hasta la noche siguiente. Es entonces cuando te miro por última vez a la cara y me doy cuenta de que es lo que me hizo enamorarme de ti locamente, eres la única persona que he conocido que no refleja sueño, puede que tristeza y cansancio, pero nunca sueño. Y solo en ese instante cuando desesperado por verte marchar, como el sol que se pone, inevitable, me doy cuenta que nunca me miras al irte, puede que porque intuyes que la desesperación pueda hacer que al fin hable o temas que haga alguna locura, puede que solo sea un juego para ti, puede… quien sabe ,el caso es que casi tímida pasas a mi lado y te vas.

Vivo las 2 horas que estoy con ella, muero las otras 18.

Duermo solo 4 horas y es algo que nunca le he dicho a nadie, pues me convierte en un ser monstruoso desde el 25 de junio de 2001, ese día el mundo entero se quedo dormido de repente y no despierto hasta pasadas 20 horas, en un extraño suceso que marco la historia de la humanidad, el comienzo de la llamada edad de Morfeo. A partir de ese día la gente necesito dormir casi 20 horas. No voy a explicar todos los cambios sociológicos, políticos y culturales que implico el nuevo orden natural, ni la controversia generada por científicos y teólogos que achacaron el cambios a diversos motivos, si bien el mas aceptado es el de un cambio en la luz solar y temperatura que altero nuestro metabolismo y ritmos circadianos.

Ahora todos están despiertos solo 4 horas, todo el mundo vive rapidísimo pues en 4 horas tienen que condensar sus vidas, comen solo una vez, trabajan 2 horas todos los días y se relacionan entre si sin perder tiempo, después duermen, pasamos más tiempo en la vida dormidos que despiertos y curiosamente la solución al stress moderno resulto ser vivir aun mas rápido.
La gente normal se despierta todavía de día, generalmente entre las 10 y la 14h o entre las 14 y las 18 horas después el mundo se queda desierto y solo lo habitan gente solitaria que trabaja en turnos que nadie quiere, solitarios, y demás fauna nocturna.

O seres extraños, gente que casi no duermen. No he sido el único que no evoluciono, si alguien me descubriera me encerrarían y me harían pruebas como les paso a algunos que conocí en otra época, por eso vivo como les corresponde a los eslabones perdidos como yo. Completamente solo.

Salgo de la cafetería, y deambulo por la ciudad muerta, calles oscuras y desiertas, de vez en cuando algún coche pero nadie caminando por la calle. Camino sintiendo como el frio me cala.

Compro una botella pequeña de vodka en un Seven Eleven y miro al cielo, está amaneciendo, Me voy al parque. Nunca hay nadie. Me siento en un banco enfrente de imponentes rascacielos mientras la luz del amanecer se filtra en mi mundo, las sombras se esclarecen y me bebo la botella de un trago, lloro, me quedo dormido.

Despierto al cabo de un rato y veo que ya es de día, no habrá pasado ni media hora pero la luz es fulgurante, entreabriendo los ojos miro a los bancos de en frente y se me detiene el corazón, veo un fantasma.

Estas ahí, mirándome, sentada con el mismo vestido que llevabas en la cafetería y sonríes alegremente mientras te tocas el pelo.

Me levanto y camino a tu lado. Nos miramos.